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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 338

El otro hombre asintió de inmediato.

—Ya nos dimos cuenta de nuestro error, déjanos ir, por favor.

—Si de plano no se puede, te podemos dar algo de dinero para arreglar esto entre nosotros —dijo el hombre, mirando nervioso a Macarena, con una mezcla de miedo y tensión en la mirada.

—¿Por dinero? ¿A quién quieren engañar? —El guardaespaldas les soltó un grito—. Mejor dígan la verdad.

—La verdad es que sí, lo hicimos por dinero —el hombre echó un vistazo hacia el carro de Macarena y continuó—: Solo con ver ese carro uno sabe que es de una mujer. Cuando una mujer enfrenta algo así, seguro busca la manera de solucionarlo.

—Nosotros solo elegimos caminos solitarios para asaltar, pedir dinero y ya. Si nos dan lo que traen, los dejamos ir. No tenemos otra intención.

El otro tipo asintió de nuevo, apoyando todo lo dicho.

Era obvio que estaban mintiendo, buscando zafarse.

El guardaespaldas no les creyó ni un segundo.

Macarena tampoco se tragó el cuento. Tras pensarlo un momento, murmuró:

—Parece que si no les hacemos pasar un mal rato, no van a soltar la verdad.

Uno de los guardaespaldas reflexionó un instante y sacó una navaja del bolsillo.

Macarena no la tomó.

—Eso de tomar justicia por mano propia es delito.

—Además, ese tipo de heridas ni duelen tanto.

Dicho esto, Macarena bajó la mirada hacia sí misma, después con calma se quitó el broche que llevaba en el pecho.

Se agachó quedando a la altura de los hombres y fijó la vista en los dedos del tipo.

El hombre, incapaz de saber qué pretendía ella, solo pudo tensarse aún más, su voz tembló:

—¿Qué piensas hacer?

Macarena esbozó una sonrisa tranquila y dejó que la punta afilada del broche quedara justo frente a él.

—¿Has escuchado ese dicho de que cada dedo está conectado con el corazón?

—Si meto este alfiler debajo de una uña, parece poca cosa, pero el dolor se expande por toda la mano, y te llega hasta el corazón: arde, pica, te da hasta escalofríos, y no hay forma de calmarlo...

Mientras hablaba, Macarena acercó el alfiler al tipo.

—¿Y cómo sé que ahora no me están mintiendo otra vez?

—Tenemos una grabación —se apresuró a responder el hombre.

Con sumo cuidado, sacó el celular del bolsillo y buscó la aplicación de grabadora.

Apenas la encendió, Macarena escuchó la voz de una mujer desde el altavoz.

[Les advierto desde ahora, esto debe hacerse en total secreto. Si se filtra, todo se arruina.]

El hombre esbozó una sonrisa incómoda.

—No somos tan tontos como creen. No íbamos a obedecer ciegamente a alguien desconocido. Por eso guardamos pruebas.

Macarena no le contestó.

Por un segundo, se quedó inmóvil, como si la realidad le hubiera dado un golpe.

La voz de esa mujer le sonaba demasiado familiar.

Aunque la otra trató de cambiar su tono, Macarena lo reconoció en el acto: era la voz de Abril Cordero.

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