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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 339

—Señorita Molina, ¿y estos dos qué? —preguntó el guardaespaldas mirando a Macarena—. ¿Quiere que... nos encarguemos de ellos?

Mientras hablaba, hizo un gesto claro con la mano, deslizándola por el cuello, como si cortara algo invisible.

Los dos hombres palidecieron y de inmediato se arrodillaron ante Macarena, suplicando con desesperación.

—Ya entendimos, no volverá a pasar, se lo juramos.

—Por favor, se lo rogamos, déjenos ir.

Ambos ya habían comprendido que la identidad de Macarena no era cualquier cosa. Esos hombres que la acompañaban no eran simples guardaespaldas, y lo que decían no era una amenaza vacía.

“Encargarse de ellos” no dejaba margen para dudas.

Estaban en un lugar apartado, lejos de miradas curiosas. Si algo llegaba a pasar, nadie se enteraría.

Uno de los hombres, temblando, se lanzó a los pies de Macarena y empezó a golpear la frente contra el suelo. Al ver esto, el otro lo imitó de inmediato.

El golpeteo de sus cabezas contra el piso retumbaba en el silencio.

Macarena miró al guardaespaldas, quien, con un leve movimiento de cejas, le dio a entender su opinión.

Ella reflexionó unos segundos antes de hablar.

—No es imposible dejarles ir, pero tienen que estar dispuestos a colaborar como testigos de lo que pasó hoy.

—¡Sí, claro! ¡No hay problema! Lo que usted diga.

—Con tal de seguir vivos, hacemos lo que sea.

Ambos hombres se apresuraron a prometer, casi atropellándose con las palabras.

Macarena activó la grabadora y capturó sus respuestas. Luego ordenó a los guardaespaldas que revisaran a los dos, asegurándose de que no llevaran ningún objeto peligroso. Una vez confirmado que no representaban amenaza, permitió que se los llevaran.

—¿A dónde los mandamos, señorita Molina? —consultó el guardaespaldas—. El señor Torres tiene un departamento vacío, ¿quiere que los dejemos ahí por ahora?

Macarena estuvo a punto de asentir, pero algo en su interior le hizo dudar.

Pensó unos segundos y negó con la cabeza.

—No, llévenlos a la comisaría.

Mientras hablaba, Macarena sacó una memoria con el video de la cámara del carro y se la entregó a los hombres de seguridad.

—Búsquenles algún cargo, lo que sea, y métanlos unos días.

Los guardaespaldas obedecieron sin hacer preguntas y se llevaron a los dos hombres.

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