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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 342

Benicio hizo que alguien regresara al gatito a casa y volvió al centro de la ciudad en el menor tiempo posible.

Pensaba buscar a Abril para aclarar las cosas, pero apenas llegó al centro, se enteró de una noticia dentro del círculo social.

Abril había sido secuestrada.

Esto había pasado apenas media hora antes.

Todo comenzó cuando Sabrina Gómez fue a la casa de Abril y se dio cuenta de que algo andaba mal. No se atrevió a armar escándalo ni a contárselo a Florencia Gómez ni a Nelson Gómez; solo buscó a Fermín.

...

En la residencia de la familia Gómez, Sabrina no podía quedarse quieta. Caminaba de un lado a otro, mordiéndose las uñas de la ansiedad.

—Hermano, esto tiene que ser cosa de Macarena —soltó de pronto, apenas pudo articular palabra—. Abril acaba de regresar al país, no ha tenido tiempo de hacerle daño a nadie aquí. Además, todos saben lo unidos que son ustedes dos. ¿Quién se atrevería a secuestrarla así como así? Está clarísimo que esto va dirigido a ti.

Se detuvo, apretando los puños.

—Rivella siempre ha sido respetuoso con nuestra familia. Estoy segura de que Macarena está celosa de Abril y que, como sabe que tú le tienes consideración, por eso se atrevió a hacer esto.

Fermín permanecía sentado en el sillón, con la mirada fija en la carta de secuestro sobre la mesa. Fruncía el ceño con una expresión sombría.

La nota era simple, directa: solo informaba del secuestro de Abril y exigía treinta millones de pesos en efectivo y un carro.

Papel común, letras impresas, ningún dato útil más allá del mensaje.

En dos días sería la fiesta de compromiso de Fermín y Abril. Que esto ocurriera justo ahora lo hacía aún más sospechoso.

Aun así, Fermín se tomó un momento antes de responder, hablando con voz calmada:

—¿Y cuál sería el motivo?

—¡Obviamente quiere arruinar su compromiso! —bufó Sabrina, cada vez más alterada—. Macarena siempre envidió que Abril pudiera estar contigo.

—Hace poco mandó a gente al extranjero para investigar a Abril, ¿lo sabías? Estaba hurgando en su pasado.

Los ojos de Fermín se entrecerraron.

—¿Cuándo fue eso?

Sabrina, sin dudar, sacó unas fotos de su bolsa y se las entregó.

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