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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 372

El miedo la invadió de nuevo. Macarena salió de la cueva a toda prisa.

Al levantar la vista, vio a Benicio subido a un árbol no muy lejos de ahí, recogiendo fruta.

Para poder cargar la fruta que ya había cortado, se había quitado la camisa y tenía el torso desnudo.

Su cuerpo estaba cubierto de rasguños de la caída, pero eso no le restaba ni un ápice de belleza a su físico. Macarena vio las líneas definidas de su torso y los seis cuadros bien marcados de su abdomen.

Sintió que la cara le ardía.

No era la primera vez que lo veía así.

Pero en esas otras ocasiones, el ambiente era tal que no tenía tiempo para fijarse en el cuerpo de Benicio.

Además, su rostro era tan atractivo, casi delicado, que era fácil pasar por alto su físico.

Mientras estaba perdida en sus pensamientos, Benicio la vio.

Le sonrió levemente, envolvió la fruta en su camisa, bajó el centro de gravedad y descendió lentamente por el árbol. Finalmente, se agarró de una rama que parecía resistente, dio un pequeño salto y aterrizó con firmeza en el suelo.

—Vi que pronto va a anochecer. No sé cuándo llegarán, así que es importante guardar energías. Por eso recogí algunas frutas…

Benicio hablaba mientras la guiaba de vuelta a la cueva.

Macarena lo escuchaba, pero su mente estaba en otra parte.

Su mirada se posó inevitablemente en el costado de Benicio.

Y sin poder controlarlo, extendió la mano.

El tacto fue firme.

—¿…Qué? —Benicio se detuvo, sorprendido.

En ese momento, Macarena reaccionó y se dio cuenta de lo que acababa de hacer.

Al ver la expresión de asombro de Benicio, su rostro se puso rojo como un tomate.

El cerebro de Macarena giraba a toda velocidad.

—Tenías un poco de tierra en el músculo… Ah, no, en la tierra tenías…

—…

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