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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 373

La verdad era que ya no recordaba cómo se sentían los abdominales de Fermín.

Hacía mucho que se habían divorciado, y la última vez que habían tenido intimidad había sido meses atrás.

Además, casi siempre era una simple descarga para él. Si podía tocarlo o no, dependía de su humor. Cuando estaba de buenas, le permitía tocarlo; cuando no, le ataba las manos a un lado.

Ni siquiera sabía si Fermín tenía abdominales.

Pero a juzgar por su físico, lo más probable era que sí.

Al escuchar su respuesta, Benicio sonrió satisfecho.

—Tienes buen gusto.

Tras decir eso, pareció recordar algo más. Se sentó a su lado y le susurró:

—Y ya que estamos en esto, ¿tú crees que…?

No terminó la frase, pero al ver su mirada traviesa, Macarena adivinó lo que iba a preguntar y le tapó la boca de inmediato.

A la luz del fuego, su cara parecía a punto de estallar de color.

No sabía si era el reflejo de las llamas o el rubor de sus mejillas.

Benicio enarcó una ceja. Supuso que si seguía preguntando, ella se enfadaría de verdad.

Le hizo un gesto de rendición.

—Está bien, no te lo pregunto —dijo con la voz ahogada.

—Promételo —dijo Macarena.

Benicio asintió.

Solo entonces Macarena retiró la mano.

A pesar de que llevaba ropa muy ligera, sentía hasta las palmas de las manos ardiendo.

***

Una vez que la ropa estuvo seca, Benicio salió a buscar más leña.

El rescate aún no llegaba y ya estaba oscureciendo. No podía garantizar que no hubiera bestias salvajes por la noche, así que movió una gran roca para bloquear la entrada de la cueva.

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