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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 386

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Fermín.

Macarena le contó la situación de forma breve y directa, incluyendo cómo habían sobrevivido y las condiciones de la montaña.

Cuando terminó, le preguntó a su vez:

—¿Y ustedes? ¿Cómo va el rescate?

En todo momento, el tono de Macarena fue sereno y tranquilo.

Parecía que no estaba hablando de vida o muerte, sino de un asunto trivial, como si se le hubiera olvidado preparar la cena.

Por un instante, Fermín incluso sospechó que estaba tratando de asustarlo a propósito.

¿Era esta la misma mujer que se deshacía en lágrimas solo porque la familia Molina la había echado de la casa, la que lloriqueaba por cualquier cosa que él le dijera o por un regaño de la familia Gómez? ¿Ahora hablaba de la muerte con esa calma?

Fermín se quedó helado un instante.

La Macarena que tenía delante le resultaba tan familiar y, al mismo tiempo, extrañamente desconocida.

Fermín no respondió, y Macarena no insistió.

Probablemente ya lo había adivinado. Si el rescate fuera sencillo, no habrían tenido que esperar tanto tiempo sin que nadie llegara.

Y, para colmo, la única persona que había llegado era Fermín, el menos indicado para llevar a cabo un rescate personalmente.

La dificultad de la operación era evidente.

***

En la cima de la montaña, Ronan esperó hasta la madrugada sin que Fermín regresara, y se dio cuenta de que algo andaba mal.

La pared de roca, todavía húmeda por la lluvia reciente, estaba resbaladiza. Ronan envió a un equipo de profesionales a buscarlo. Encontraron el botiquín de primeros auxilios que Fermín había dejado y, unos metros más abajo, las marcas de un resbalón.

Pero a partir de ese punto, la dificultad del rescate aumentaba considerablemente; era muy probable que alguien perdiera la vida.

El equipo no tuvo más remedio que regresar.

—El botiquín estaba colocado en una pendiente pronunciada. Las marcas de la caída parecen de un resbalón repentino, hay señales de que intentó agarrarse…

Mientras Ronan escuchaba la detallada descripción, empezó a formarse una idea de lo ocurrido.

Seguramente Fermín había visto algo que Macarena había dejado.

En ese momento, no sabía si considerarlo buena o mala suerte. La buena era que estaban buscando en la dirección correcta; la mala, que más abajo ya no había condiciones para un rescate.

Incluso si Macarena estuviera justo debajo de ellos, no podía pedirle a nadie que se arriesgara de esa manera para rescatarla.

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