Dicho esto, Eduardo cubrió el celular con la mano y se dispuso a salir para explicarle la situación a Abril.
Sin embargo, antes de que pudiera levantarse, Fermín extendió la mano hacia él.
—Yo hablaré con ella.
Acorralado, Eduardo no tuvo más remedio que entregarle el teléfono.
Se mantuvo en vilo, rezando para que Abril no dijera nada que los delatara.
Por suerte, la conversación fue de lo más normal.
Abril dijo algo y Fermín aceptó reunirse con ella.
Al escuchar que la plática no tenía nada de inusual, Eduardo suspiró aliviado y se preparó para recuperar su teléfono.
Pero Fermín, ya fuera a propósito o por accidente, tocó el historial de chat con Abril.
Varias llamadas recientes aparecieron en la pantalla.
El gesto de Fermín lo sobresaltó.
—Hablan por teléfono con bastante frecuencia —comentó Fermín.
El corazón de Eduardo latía con fuerza.
—Abril ha estado muy preocupada por ti todo este tiempo, pero no quería molestar a nadie de la familia Gómez, así que me llamaba a mí.
»Además, con su condición especial, tiene que venir al hospital seguido.
Fermín no dijo nada más y le devolvió el celular.
Eduardo le echó un vistazo rápido y, al no ver nada comprometedor, sintió un alivio momentáneo.
***
Después de colgar, Abril fue a su armario y eligió un vestido que a Fermín solía encantarle. Se peinó con esmero y, una vez segura de su apariencia, se dirigió al hospital.
Desde que había vuelto, Fermín se negaba a verla.
Era evidente que, debido a la demanda de Ronan Torres y a las pruebas presentadas, Fermín tenía sus reservas sobre ella.
Pero no importaba, sabía cómo manejar la situación.
Cuando llegó al hospital, Abril se dio un último vistazo antes de entrar en la habitación.


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