Ella había escuchado sobre el escándalo de plagio que había estallado recientemente, pero jamás se imaginó que su hermano, en lugar de ayudar a Abril a defenderse, estaría ayudando a Macarena.
Entre el coraje y la incredulidad, terminó cerrando la computadora de un golpe.
—¡Pum!
—Hermano, de verdad que ya no distingues el bien del mal.
—¿Qué clase de toloache te dio Macarena? ¿Sabes lo triste que se pondría Abri si viera lo que estás haciendo?
Fermín volvió a abrir la computadora con calma: —No se trata de distinguir el bien del mal, el problema es que esta gente no es quién para juzgar. No tienen ningún derecho a insultar.
Sabrina replicó: —Ellos solo defienden la justicia. Al final de cuentas, fue Macarena la que usó esos trucos baratos.
Al oír esto, Fermín levantó la vista: —Este asunto no es solo de Macarena. Incluso si se confirma el plagio, es un error de todo el departamento de investigación, no culpa de una sola persona.
—Dicho de otro modo, Ronan también debería asumir parte de la responsabilidad.
Al escuchar que le echaban tierra a Ronan, Sabrina se puso roja de la impaciencia y refutó: —Seguro que a Ronan lo engañó con sus palabras bonitas, por eso se equivocó.
Fermín miró a Sabrina como si fuera tonta.
Sabrina se sintió un poco culpable bajo esa mirada, pero enseguida recuperó la confianza: —Pues es la verdad. Ronan trata a Macarena increíblemente bien. No viste lo preocupado que estaba cuando cayeron por el acantilado.
—No descarto que Ronan haya hecho una excepción por ella.
Al decir esto, el tono de Sabrina sonó amargo, lleno de celos.
Ronan no solo trataba bien a Macarena; la trataba como a una reina.
Hasta la fecha no podía olvidar la felicidad de Ronan al saber que Macarena estaba viva.
Ronan siempre era un hombre estable, que no mostraba sus emociones frente a los demás, pero esa fue la primera vez que lo vio exponerse tanto.

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