Fermín: —...
Por una vez, no discutió con Sabrina. Tras unos segundos de silencio, dijo: —Acompáñala más estos días. Si tienes tiempo, llévala a hacerse otro chequeo prenatal.
—Es tu futura esposa y me pides que la acompañe yo... qué descaro el tuyo —bromeó Sabrina.
Pero aun así aceptó.
Al final de cuentas, Fermín aún no se recuperaba de sus heridas.
Además, conocía a su hermano perfectamente. Seguramente, como acababa de tener problemas con Abril por culpa de Macarena, le daba vergüenza verla y necesitaba tiempo para pensar.
Como hermana, claro que le echaría la mano.
En cuanto salió del hospital, Sabrina fue directo a la villa donde estaba Abril.
Cuando Abril supo por boca de Sabrina que Fermín seguía preocupado por el bebé, su expresión se relajó visiblemente.
De hecho, esperaba que Sabrina fuera a buscar a Fermín al hospital, y Sabrina no la decepcionó; le contó con lujo de detalles la reacción de su hermano.
Fermín todavía se preocupaba por ella.
Aunque esa preocupación fuera solo por el bebé que llevaba en el vientre, era suficiente.
Abril sintió que se quitaba un peso de encima.
Pero no demostró demasiada alegría. En cambio, bajó la mirada y sonrió con amargura: —Pensé que, como me odia, me pediría que renunciara a este bebé.
—¿Cómo se atrevería? —se apresuró a consolarla Sabrina—. Abri, tranquila. Mi hermano solo está confundido temporalmente, pero en el fondo se preocupa por ti y por el bebé.
—Además, este niño es sangre de los Gómez. Aunque mi hermano se ponga necio, mis papás jamás permitirían que te deshicieras de él.
—Tú tranquila. Aunque Macarena arme todo este escándalo en redes, ella ya no puede volver a la familia Gómez. Nosotros solo te reconocemos a ti.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste