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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 462

Hospital.

Macarena, entre sueños, sintió un calor en el brazo, como si alguien lo sostuviera en su mano.

Todavía aturdida, abrió los ojos confundida y se encontró con la mirada de Benicio, quien ya había despertado en la cama.

—¿Despertaste? —le preguntó Benicio en voz baja. Su mirada cayó sobre la gasa en el brazo de ella, con un brillo de dolor en los ojos—. ¿Te duele?

Macarena se encontró con esa mirada suave y llena de culpa, y por un momento no supo qué decir.

El herido era él, pero él era quien se preocupaba por sus heridas.

—Benicio —dijo ella.

—¿Mmm?

—Perdón.

Macarena miró su bata de hospital.

Estaba pálido, con rasguños e hinchazón visibles en la cara, y irradiaba esa debilidad propia de alguien que no se ha recuperado de una lesión grave.

Lo habían lastimado tanto, y aun así le preguntaba si a ella le dolía.

Benicio hizo una pausa y preguntó:

—¿Te enamoraste de otro hombre?

Macarena se quedó en blanco ante la pregunta, su cerebro tardó en procesarlo.

Enseguida, escuchó a Benicio continuar:

—Soy tu novio, estamos juntos. A menos que te hayas enamorado de otro, no tienes que pedir perdón por nada de lo que pase.

Benicio le levantó suavemente la cara para mirarla a los ojos.

Macarena movió los labios:

—Estás muy malherido...

«Casi te mueres».

Esa última frase no pudo salir de su boca.

El estado de Benicio ayer todavía la tenía asustada; no quería mencionar la palabra muerte, ni siquiera pensar en ella.

Pero Benicio parecía leerle la mente.

Sonrió.

—Son solo rasguños. Me alegra y me alivia tenerlos yo.

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