Después de un rato, le cayó el veinte: esa escena le resultaba demasiado familiar.
El hecho de que Lea Torres y Dante hubieran terminado tan mal, al punto de que ella se negara rotundamente a estar cerca de él, tenía su origen en Noah, el hijo adoptivo de la familia Oliva.
En aquel entonces, los padres de Noah murieron en un accidente automovilístico. El coche de David y Julieta pasaba justo por ahí. Noah, que solo tenía diez años, les pidió ayuda llorando y se ofreció a ser su hijo para pagarles el favor.
Tal vez porque vieron que el niño era pequeño pero listo, y les dio lástima, o quizá por otras razones, aceptaron.
Tras confirmarse la muerte de los padres de Noah, los señores Oliva se encargaron del funeral, se llevaron al niño a casa y lo adoptaron. Su principal tarea sería acompañar a Dante a la escuela y ayudarlo con las tareas.
En esa época, Dante, Lea y Macarena eran inseparables; todo el mundo en su círculo social los conocía como el trío dinámico.
Aunque, claro, el centro de todo era Lea.
Ella solo tenía ojos para Dante. Se la pasaba todo el día detrás de él: un día le llevaba el desayuno y al otro le regalaba unos guantes tejidos por ella misma.
Dante decía que le daba igual, pero cualquiera con dos dedos de frente se daba cuenta de que se gustaban.
—El chofer está atorado en el tráfico, así que ni modo, tendré que irme contigo en tu coche.
—¿Te fue tan mal en el examen? Está bien, voy a tu casa en la noche a ayudarte a estudiar.
—Me sobraron dos boletos para el festival de música. Sería un desperdicio tirarlos, así que vamos...
A Dante le encantaba que Lea estuviera pendiente de él, y también buscaba cualquier pretexto para pasar más tiempo con ella.
Como Macarena era la mejor amiga de Lea, inevitablemente terminó convirtiéndose en el mal tercio, la eterna chaperona.
En aquel entonces, Macarena bromeaba con ella: «Cuando se casen, voy a atascarme de comida en su boda. Será mi compensación por daños y perjuicios».
Pero la boda soñada nunca llegó. Apenas empezaron a andar formalmente, estallaron las peleas.
Dante seguía sin ver el problema, pero como Lea estaba enojada, le decía que sí para calmarla. Sin embargo, a sus espaldas seguía haciendo lo mismo, solo que con más cuidado para que ella no se enterara.
Pero la verdad siempre sale a la luz. Cuando Dante le rompió la pierna a otro hombre en un ataque de celos, Lea no aguantó más y terminó con él.
Dante, con el orgullo herido y lleno de coraje, aceptó la ruptura.
Fue justo en ese momento cuando Noah apareció en la vida de Lea.
Noah tenía un carácter tranquilo. Quizá por su condición de hijo adoptivo, era amable con todo el mundo y lograba ganarse la confianza de la gente sin esfuerzo.
Dante, deprimido, le contó sobre su pelea con Lea.
—De verdad no entiendo cómo puede ser tan dramática e irracional.
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