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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 476

Lea salió de la casa de los Torres, y tal como esperaba, no vio a Dante.

En la entrada había un muchacho desconocido pero de facciones atractivas; tenía un aire amable y educado. La cálida luz del mediodía caía sobre él, bañándolo en lo que parecía un suave resplandor dorado.

Por alguna razón, a Lea le dio un vuelco el corazón.

La invadió una sensación indescriptible.

Según recordaría Macarena tiempo después sobre lo que Lea le platicó...

—Un ciego no se da cuenta de que la oscuridad en la que vive no es normal hasta que ve la luz por primera vez —comentó Lea con tranquilidad.

Su padre, Hilario, le había dicho desde niña que en el futuro se casaría con alguien de la familia Oliva. Ella lo había aceptado, y de todos los muchachos de su edad en esa familia, Dante era el que más le gustaba.

Era guapo.

Y la trataba muy bien.

Por eso, nunca dudó de que estaba enamorada de Dante y de que algún día sería su mujer. Sin embargo, en el instante en que vio a Noah, sintió que su mundo entero se ponía de cabeza.

No solo sus sentimientos, sino toda su vida.

Desde pequeña, Lea siempre se consideró un poco rebelde, pero por culpa de Ronan, esa rebeldía había quedado profundamente enterrada antes de que pudiera salir a la luz.

A diferencia de ella, Ronan era rebelde de frente y siempre le llevaba la contraria a Hilario, haciéndolo hacer corajes a cada rato. En aquel entonces, Lea aún admiraba a su padre, así que al darse cuenta de que a él no le caía bien Ronan, reprimió sus propias ganas de rebelarse.

Pero los sentimientos reprimidos siempre terminan estallando tarde o temprano con mucha más fuerza.

Cuando apareció Noah, ese vuelco en el corazón hizo que Lea cuestionara su amor por Dante.

Al principio, dudó de sí misma y pensó que tal vez se estaba volviendo una persona infiel.

Pero tenía muchísimos pretendientes, y todos con muy buenas cualidades. Intentó acercarse a ellos, pero ninguno le provocó esa extraña sensación que sentía al estar frente a Noah.

Aquel día no se atrevió a acercarse a él; al ver que la persona que había llegado era Noah y no Dante, se dio la media vuelta y entró a la casa.

Fue Hilario quien recibió a Noah, invitándolo a pasar, y se quedó con el estuche de joyería que Dante había mandado para pedir perdón.

—No importa si Dante vino o no en persona; el solo hecho de tener este detalle ya lo hace mejor que muchos hombres —le dijo su padre—.

»Ya deja de hacer berrinches, a veces hay que saber ceder.

Ese mismo día, Hilario le insistió en que fuera a la casa de la familia Oliva.

Para su propia sorpresa, Lea sintió un rechazo inmenso por primera vez; pero al pensar en Noah, terminó aceptando.

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