Entrar Via

A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 502

Era la primera vez que contraatacaba con tanta ferocidad.

Y antes de que pudieran procesar el golpe, un grupo de guardaespaldas se acercó y les susurró algo al oído a los reporteros que habían acorralado a Macarena.

A regañadientes, esos periodistas agarraron sus cosas y abandonaron el lugar sin chistar.

Macarena ignoró el alboroto a sus espaldas y caminó hasta pararse frente a Abril. Apenas un metro de distancia las separaba, pero todos a su alrededor podían percibir la electricidad y el aroma a pólvora en el aire.

Abril apretó los puños. Lo había visto todo: Fermín fue quien ordenó que sacaran a los reporteros que atacaban a Macarena.

Y no solo eso. Desde que Macarena puso un pie en el jardín, los ojos de Fermín no se habían despegado de ella. Ni siquiera le había dirigido una sola mirada a Abril.

Aunque en el fondo se lo esperaba, un ataque incontrolable de celos le quemó el pecho.

*¿Con qué derecho?*, pensó furiosa. *¡Fermín y yo somos pareja! Él debería amarme a mí. ¿Qué se cree Macarena?*

Ya estaban divorciados. ¿Por qué demonios seguía metiéndose entre ellos? ¡Solo había perdido un maldito bebé! Pero Fermín armó todo este teatro y la obligó a humillarse públicamente.

*¡Si hubiera sabido que las cosas llegarían a esto, no habría dejado a Macarena con vida en primer lugar!*

El odio la devoraba por dentro, pero Abril lo reprimió de forma impecable. Puso su mejor cara de mosquita muerta y lanzó una mirada discreta hacia Eduardo Reyes, que estaba parado a lo lejos.

*No importa lo que haya pasado hasta ahora*, pensó con malicia. *Después de hoy, Macarena quedará arrastrada por los suelos y yo seré la ganadora absoluta.*

Cerca de ahí, Eduardo, de pie junto a Fermín, se quejó en voz baja.

—Fermín, compadre, este lío lo podían arreglar en privado. ¿Qué necesidad hay de obligar a Abril a disculparse así delante de todos?

Fermín, como de costumbre, no se molestó en responder a sus idioteces.

A Eduardo no le importó su silencio.

—Se nota que la pobre Abril te ama a morir. Cualquiera en su lugar ya te habría mandado al diablo y se habría ido, pero ella aguanta todo esto.

—Pero, con todo respeto, Fermín, aunque Abril te ame y esté esperando un hijo tuyo, esto que le estás haciendo...

Fermín giró la cabeza y le lanzó una mirada gélida. Sus ojos oscuros parecían atravesarle el alma y descubrir todos sus secretos. Eduardo sintió un escalofrío en la espalda y se tragó sus palabras.

Por suerte, Fermín no tardó en volver a su actitud estoica de siempre. Con tono apático, preguntó.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste