Abril se atragantó con sus propias palabras.
—Tú...
—Macarena, no te pases de la raya —exclamó Eduardo Reyes entre la multitud, incapaz de seguir callado.
Macarena soltó una risa fría.
—¿Que no me pase de la raya? Ella acabó con una pequeña vida inocente. Lo único que le exijo es que se arrodille y pida perdón. ¿Acaso su orgullo vale más que una vida humana?
Eduardo se quedó sin palabras. Miró a Fermín, pero al ver que no tenía la menor intención de defender a Abril, no le quedó más remedio que cerrar la boca.
Los periodistas, olfateando el drama, ordenaron a los camarógrafos que hicieran primeros planos de Macarena y Abril.
Abril apretó los dientes, haciendo un esfuerzo sobrehumano por lucir natural.
Afortunadamente para ella, ya había previsto que Macarena no dejaría pasar las cosas tan fácilmente hoy. Estaba preparada.
De hecho, su mayor temor era que Macarena decidiera dejar el asunto por la paz.
—Si me humillo y te suplico de rodillas, ¿me perdonarás? —murmuró Abril, dando dos pasos hacia Macarena para tomarle la mano.
En ese instante, a Macarena le vino a la mente un recuerdo abrumador. La última vez en la mansión de la familia Gómez. La misma escena repetida. Cuando Abril la acusó falsamente de haberla empujado.
En una fracción de segundo, Macarena leyó las verdaderas intenciones en la mirada de la otra mujer.
Sonrió y, sin dudarlo ni un instante, le propinó una fuerte bofetada en el rostro.
El golpe resonó con una brusquedad impactante. Fue como una chispa en un barril de pólvora; el salón entero estalló en conmoción.
Ni siquiera Abril esperaba que Macarena se atreviera a golpearla. Se quedó paralizada por el asombro, olvidando por completo la actuación que tenía planeada para el siguiente segundo.
—Si no quieres arrodillarte, al menos déjame desahogarme un poco —dijo Macarena mientras se frotaba la palma de la mano, que le hormigueaba por el impacto.
Sabía que esa bofetada no arreglaba nada. No se comparaba en absoluto con la pérdida de su bebé. Ni siquiera era una fracción del sufrimiento de cuando Abril casi hace que se ahogue. Mucho menos compensaba la maldad de todas las trampas que le había tendido. Incluso era consciente de que esto solo haría que Abril pareciera la víctima indefensa, mientras que ella quedaría como la villana agresiva de la historia.
Pero no le importaba. Fue liberador.
—¡Dios mío, se están peleando!

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