En la foto, Ronan llevaba una gabardina y, agachándose, ayudaba a una mujer a subir al carro.
El ángulo de la toma demostraba que el fotógrafo había hecho lo imposible por captar la escena; aun así, solo se alcanzaba a distinguir el atractivo perfil del hombre y su nariz recta y bien definida. El rostro de la mujer quedaba completamente cubierto por la silueta de Ronan.
Dentro del hospital, Eduardo le echó un vistazo a la foto y, sin darle mucha importancia, pasó al siguiente post.
Sin embargo, por alguna razón, a diferencia de los típicos chismes que solían inundar el foro interno, esta vez la imagen se había vuelto viral y estaba en todas partes.
Gracias a los comentarios informativos que encontraba debajo de la publicación, Eduardo ya conocía el nombre de aquel hombre: Ronan, junto con algunos datos básicos sobre él.
Le pareció algo aburrido.
Pero, bueno, ya estaba acostumbrado.
En el hospital había muchas enfermeras, y el trabajo solía ser pesado y caótico, lo que ponía a todos de mal humor de vez en cuando.
Así que, cuando aparecía algún chico atractivo, ellas no podían evitar emocionarse y platicar sobre él.
Recordó que cuando él recién llegó a trabajar ahí, también había sido el centro de atención: su foto circuló en el foro interno y no se cansaban de comentarla y adularlo.
Incluso, mientras caminaba por los pasillos, más de una enfermera, con las mejillas rojas, se le acercaba para regalarle fruta o preguntarle si quería ir al cine.
Pensando en eso, Eduardo sacó su celular.
Aprovechando el reflejo en la pantalla, admiró sus propios rasgos. Se veía bien. Muy bien, de hecho.
Aquel hombre de la foto ni siquiera se le acercaba.
Seguro que esas chicas solo estaban emocionadas porque era algo nuevo, pero tarde o temprano volverían a fijarse en alguien como él.
Justo estaba en esa reflexión cuando notó que dos chicas lo miraban con los ojos brillando de emoción.
Contuvo las ganas de sonreír con suficiencia, se acomodó el cabello corto para hacerse ver aún más guapo, metió las manos en los bolsillos y adoptó una expresión seria, casi indiferente, mientras caminaba hacia ellas.
Las chicas también se dirigieron hacia él, con evidente entusiasmo.
Cuando estuvieron cerca, Eduardo ya se preparaba para que lo detuvieran.
Normalmente, en estos casos, las chicas solían hacerle algunas preguntas sencillas sobre el hospital o algún paciente.
Él respondía con cortesía y, entonces, ellas simulaban no entender del todo para poder pedirle su número o que las guiara a algún lugar, buscando así alargar la plática con cualquier pretexto.
Ese tipo de acercamientos le resultaban pan comido.


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