Eduardo permaneció callado, sin decir una sola palabra.
—Vaya que sabe fingir—, pensó.
Justo cuando Eduardo estaba por irse, su mirada se desvió hacia donde Ronan caminaba. En ese instante, sus ojos se detuvieron en la figura de una mujer delgada sentada en una banca. Se quedó quieto, como si algo lo hubiera sorprendido.
...
Por otro lado, después de salir de la antigua casa de la familia Gómez, Abril iba platicando con Fermín sobre lo que había pasado esa noche.
Ese día, Abril estaba de muy buen humor.
Casi todos sabían cuál era el verdadero motivo de su visita esa noche a la familia Gómez.
Y desde que llegó, Abril se había dedicado a observar cómo la familia Gómez la trataba. No cabía duda: Sabrina aprobaba por completo su relación con Fermín, incluso parecía ilusionada con la idea.
Nelson, el patriarca, era un hombre de negocios enfocado en la conveniencia. No se tomaría la molestia de emparejarlos, pero tampoco se interpondría en su camino.
Sobre Paula, Abril no tenía mucha información, pero por experiencia con personas mayores, intuía que la señora solo necesitaba tiempo para asimilarlo. O quizás ni siquiera eso; según le había dicho Sabrina, la salud de la anciana iba de mal en peor y, a decir verdad, parecía que le quedaba poco tiempo de vida.
Por mucho que la abuela se opusiera, ya no tenía la fuerza para impedir que los jóvenes siguieran sus propios caminos.
Lo que más satisfacción le daba a Abril era su avance con Florencia.
Antes, cuando era joven e impulsiva, el carácter orgulloso de Abril la llevaba a ser directa y poco flexible, lo que alimentaba los conflictos con Florencia, quien también era testaruda y de temperamento fuerte.
Pero esta vez, Abril había aprendido a controlarse. Escuchaba con atención las cosas que le gustaban a Florencia y se comportaba como la nuera ejemplar que Florencia siempre quiso. Y funcionó: Florencia ya no la trataba con la misma distancia de antes.
Incluso, al salir de la casa hace un rato, Florencia le había dado un regalo y la invitó a regresar otro día.
Eso no había sucedido jamás.
Abril sentía que las cosas iban viento en popa. Había conquistado a la familia Gómez. Solo le faltaba esperar a que Fermín y Macarena se divorciaran, para así poder estar con Fermín y convertirse en la señora Gómez.
La emoción la traicionó; una sonrisa se dibujó en sus labios.
En el fondo, a Abril tampoco le fascinaba la idea de andar buscando árboles, pero no le quedaba de otra. Durante los últimos cinco años, el espacio junto a Fermín había quedado vacío para ella. Aunque todavía mantenían cierto contacto, Fermín rara vez le hablaba y, cuando lo hacía, era porque ella buscaba la manera de acercársele, fingía vulnerabilidad y usaba la culpa de él para ganar tiempo a su lado.
Si quería seguir cerca de él, tenía que apelar a los recuerdos compartidos.
Fermín dudó unos segundos. La miró, notando la esperanza reflejada en su mirada brillante, y le costaba decepcionarla.
Cuando estaba por responder, su celular sonó de repente.
Sacó el teléfono y vio que era un mensaje de Eduardo.
El mensaje incluía una foto, tomada a escondidas y algo borrosa. En la imagen, Macarena aparecía apoyada en el brazo de un hombre, con una expresión alegre y platicando animadamente con él.
Llevaba puesta la misma ropa con la que había ido a la cena familiar esa noche.
¿Así que esa era la urgencia de Macarena para irse tan rápido? ¿Salir corriendo a ver a otro hombre?
Fermín frunció el ceño, el malestar se le notaba en la mirada.

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