Dicho esto, se dio la media vuelta y empezó a caminar.
Héctor intentó ir tras ella, pero en ese momento un auto se acercó y frenó de golpe junto a la acera.
La ventanilla bajó y Macarena se asomó, mirando directamente a Teresa.
—Sube.
Teresa se quedó de una pieza por un segundo, pero no lo dudó. Metió la maleta al auto y se sentó en el asiento del copiloto sin mirar atrás.
Macarena aceleró, dejando a Héctor con la palabra en la boca y cara de imbécil.
Ya en el auto, Teresa se quedó en absoluto silencio, mirando por la ventanilla con los ojos inyectados en sangre.
—Llora si quieres. Si te lo aguantas, te va a hacer daño —dijo Macarena sin apartar la vista del camino, mientras encendía la radio a un volumen suave y le lanzaba una caja de pañuelos a las piernas.
No tuvo que decirlo dos veces. Teresa se cubrió el rostro y soltó un sollozo ahogado.
Al principio fue un llanto silencioso, reprimido, pero poco a poco se convirtió en un mar de lágrimas, como si estuviera expulsando todo el dolor y la frustración acumulados.
—Estuve con él muchísimos años... siempre fue tan lindo conmigo. Cuando vivíamos en un cuartito húmedo y asqueroso, y a mí me daban unos cólicos horribles, él me ponía las manos en el vientre para darme calor. Cuando entró al Grupo Gómez y le dieron su primer sueldo, me compró un collar carísimo solo porque yo le había dicho que me gustaba...
—No entiendo... no entiendo cómo pudo hacerme esto.
Teresa hablaba sin parar, soltando las palabras entre hipos.
Macarena se mantuvo con la vista al frente y, a propósito, tomó una ruta mucho más larga para darle tiempo de desahogarse.
No supo cuánto tiempo pasó, pero poco a poco el llanto fue cediendo hasta que Teresa logró calmarse.
Giró la cabeza y miró a Macarena.
—Yo te hice la vida imposible... ¿por qué me estás ayudando?
—Solo estoy ayudando a una chica triste y desesperada a la que le rompieron el corazón —respondió Macarena con tranquilidad—. No tiene nada que ver con que seas tú, ni con lo que haya pasado antes entre nosotras.
De pronto, recordó aquel terrible accidente de auto. Recordó la desesperación de estar atrapada en ese vehículo volcado, rogando a todos los santos que alguien apareciera para ayudarla.
Teresa bajó la mirada al escucharla.

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