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ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso! romance Capítulo 181

C181- SE HABÍA HECHO JUSTICIA.

Savanna salió del hospital con la cabeza hecha un lío, pero con una decisión clara.

Días después, cruzó las puertas de la prisión de máxima seguridad y se sentó frente al cristal. Arthur ya estaba ahí, con el uniforme naranja sucio y la cara más demacrada. La arrogancia se le había borrado casi por completo.

Solo quedaba un hombre roto, pero todavía peligroso.

Tomó el teléfono y se lo pegó a la oreja, sonrió despacio, disfrutando cada segundo.

—Hola, tío.

Arthur la miró con puro odio.

—¿Viniste a regodearte?

Savanna se reclinó en la silla, sin dejar de sonreír.

—Vine a decirte que mi padre despertó y que contó todo. Cómo saboteaste su avión. Cómo intentaste matarlo. Cómo te reíste por teléfono diciéndole que era hora de que desapareciera.

Arthur apretó la mandíbula, con los nudillos blancos de la tensión.

—Ese viejo hijo de puta debería estar muerto.

Savanna soltó una risa baja, fría.

—¿Ves? Ahí estás. Sin máscara. Siempre fuiste un envidioso de m****a. Querías todo lo que tenía mi padre: su empresa, su dinero, su vida. Y como no pudiste quitárselo, intentaste matarlo. ¿Qué se siente saber que fallaste?

Arthur se inclinó hacia el cristal, con los ojos inyectados.

—No me arrepiento de nada. Si pudiera, lo haría de nuevo. Tú y tu padre siempre se creyeron mejores. Yo solo tomé lo que me correspondía y si tuviera que volver a mandar ese avión abajo, lo haría sin pensarlo dos veces.

Savanna se acercó más al cristal y le respondió con igual hostilidad.

—Pues vas a pudrirte aquí solo, Arthur. Sin dinero, sin poder, sin nadie que te visite. Te vas a morir viejo y olvidado en esta jaula, mientras yo vivo mi vida con mi marido y mi hija. Eso es lo que te mereces.

Arthur golpeó el cristal con la palma abierta, furioso.

—Eres igual de maldita que tu padre.

Savanna se levantó sin prisa, mirándolo por última vez con desprecio puro.

—Adiós, tío. —Le sacó el dedo medio—. ¡Que te jodan!

Colgó el teléfono y se fue sin mirar atrás. Arthur se quedó sentado, respirando agitado, con la cara torcida de rabia. Savanna salió de la cárcel y respiró el aire fresco, entonces su teléfono vibró.

Era Jodie.

—Sav, ¿vas al juicio del comisionado? Es hoy.

Savanna sonrió, ya caminando hacia el auto donde Ian la esperaba.

—Claro que voy.

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