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ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso! romance Capítulo 183

Dos años después

La luz dorada de la Toscana bañaba los viñedos que se extendían frente a la villa. Savanna caminaba descalza por el sendero de piedra, con una mano sobre su vientre ya redondo. Ian iba a su lado, con Ivanna subida a sus hombros.

La niña reía mientras tiraba de las orejas de su padre.

—Todavía no puedo creer que esto sea nuestro —dijo Savanna, mirando las hileras de vides—. Hace dos años pensábamos que lo habíamos perdido todo.

Ian sonrió y le tomó la mano.

—Ahora lo estamos reconstruyendo. Mejor que antes.

Esa mañana había recibido una llamada importante.

Elias llegaría esa misma tarde.

Ian se había encargado de todo: el vuelo, el permiso de salida temporal extendido, y un contrato en la nueva división italiana del Hayes-Moretti Group.

No era caridad.

Elias siempre había sido un ejecutivo brillante, y Ian estaba dispuesto a darle la oportunidad de demostrarlo.

—Estás haciendo lo correcto —dijo Savanna, deteniéndose para mirarlo—. Lo sé.

Ian se encogió de hombros, pero tenía esa expresión seria que ella conocía bien.

—Es mi primo. Cometió errores graves, pero pagó por ellos. Si quiere reconstruir su vida, yo le voy a dar las herramientas. Nada más.

Savanna se puso de puntillas y lo besó.

—Estoy muy orgullosa de ti.

Por la tarde, Elias llegó a la villa.

Estaba más delgado, con el cabello más corto y una mirada cautelosa. Ivanna lo observó con curiosidad desde detrás de las piernas de su padre, pero luego corrió hacia él y extendió sus bracitos.

Elias dudó.

Pero Ian asintió, dándole su aprobación.

Elias cargó a la pequeña Ivanna y sonrió ante unos lindos ojos azules.

—Hola, preciosa.

—Pincipe —dijo Ivanna acunando la cara de Elias—. Pincipe, papá… —miró a Ian— ¿Pincipe?

Ian soltó una carcajada. La razón era que Ivanna estaba obsesionada con las películas de princesas y para ella Elias era un príncipe.

Ni cómo culparla; a pesar de la vida en la cárcel, Elias no había perdido todo su atractivo.

—¿Pensé que yo era tu príncipe? —dijo fingiendo estar dolido—. ¿Apenas llega el tío Elias ya me cambias?

La pequeña Ivanna escondió su carita en el cuello de Elias. Él estaba a punto de decir algo, cuando escuchó una voz.

—Bienvenido.

Savanna, con un vientre pronunciado, le dio una sonrisa.

—Y llegas justo a tiempo, hoy comeremos mis canolis, los mejores de toda la región.

La sonrisa de Savanna era sincera, y eso hizo que Elias no supiera cómo sentirse. A pesar de los años, aún seguía avergonzado de lo que hizo.

—No me mires así —dijo Savanna golpeándole el hombro con diversión—. Ya nosotros dejamos el pasado atrás. Tú déjalo definitivamente, piensa en tu futuro, aún te queda mucho por delante.

Dicho esto, se acercó extendiendo los brazos hacia Ivanna.

—Y usted, señorita, debe darse un baño. Dejemos que estos señores hablen.

La chiquilla se carcajeó por las cosquillas de su madre y se perdió en sus brazos. Savanna miró a Elias una última vez.

—Tienes ropa en tu habitación. No te queda esa… no te ves como el CEO que recuerdo.

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