C180- FUE ARTHUR
Savanna apretó la mano de su padre cuando las máquinas empezaron a pitar más fuerte, porque Alistair respiraba agitado, con los ojos clavados en Ian.
—Papá, cálmate, ¿ok? Cálmate —dijo ella, nerviosa, inclinándose más cerca.
Pero Alistair no se calmaba. El pecho le subía y bajaba rápido, mientras las alertas de la máquina no paraban.
Ian se quedó un paso atrás, con los puños cerrados a los lados.
Arthur tenía razón.
Todo ese tiempo.
Él era el culpable de que la mujer que amaba hubiera pasado por tanto, era culpable de la infelicidad de Savanna, de los años perdidos. Todo llevaba a su familia. Bajó la mirada, la culpa le pesaba en el pecho como una piedra.
Entonces la puerta se abrió de golpe y entró una enfermera.
—El paciente está agitado. Necesita descansar —dijo firme, mirando a Savanna.
Ella asintió y empezó a soltar la mano de su padre, pero Alistair la agarró con más fuerza.
—N... n... o —logró decir, la voz ronca y quebrada.
La enfermera se quedó congelada y Savanna también.
—¿Papá? Tú...
Alistair tragó saliva con dificultad y levantó la mano libre. Señaló directo a Ian.
—T... tú...
La enfermera se volvió hacia Ian.
—Creo que debería irse. Está...
—No —la cortó Savanna—. Mi esposo se queda. Mi padre quiere que se quede, ¿no ve?
La mujer la miró con reproche.
—Señora...
—Soy médico —la interrumpió Savanna, cortante—. Sé lo que hago. Retírese usted.
La enfermera abrió la boca, pero al final se dio la vuelta y salió, cerrando la puerta detrás de ella.
Una vez solos, Savanna acarició la mejilla hundida de su padre.
—Papá... papito... hablaste y mucho antes.
Alistair sonrió apenas, se pasó la lengua por los labios secos. Entonces Savanna tomó el vaso de agua de la mesita y se lo acercó con cuidado.
—Toma, bebe despacio.
Él bebió unos sorbos y luego miró a Ian.
—Tú... —dijo suave—. Eres igual a él.
Ian no se movió. Se quedó al margen, con los hombros tensos, sin saber qué decir.
Savanna vio la complicación en la cara de su marido y decidió ir directo.
—Papá, Ian es mi esposo... Lo amo, ¿ok? Y tenemos a esa bebé. Soy feliz, ¿entiendes?
Alistair la miró sorprendido. Luego sus ojos se llenaron de un cariño tranquilo y Savanna sonrió, aunque los suyos se humedecieron.
—Sé lo que pasó... pero... lo amo. Y no quiero seguir siendo infeliz, papá. Lo sabes... yo... después de lo que pasó... Él llegó a mi vida y... —una lágrima se deslizó por su mejilla—. Volví a sonreír, papá...
Tragó saliva, pensando que la vida era injusta. Recuperaba a su padre después de tanto tiempo postrado en esa cama y ahora pasaba esto.
—Ian no tiene la culpa. —Continuó—. Él no sabía lo que su padre hizo. Perdónalo... por mí, papá. Perdónalo por mí.
Alistair frunció las cejas, confundido.
—¿Perdonar qué...?
Lo dijo con esfuerzo, como si cada palabra le costara, luego tomó aire.
—M... más... b... bien... y... yo... s... soy... quien... quien... le agradezco...
Savanna se puso de pie de golpe, mirándolo como si estuviera loco.

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