—Ya le he dado suficientes advertencias. Si de verdad me escucha, no creo que siga por el camino equivocado.
—Pero si no lo hace, ya no estará en mis manos. Y te soy sincera: si hubiera querido aplastarlo sin contemplaciones, el Grupo Muñoz habría dejado de existir hace tiempo.
Tras todo lo vivido, aunque Leonor Muñoz no conocía el verdadero poder que respaldaba a Amaya Ibarra, tenía claro que sus palabras no eran simples amenazas.
—Lo sé. Solo te pido que tengas piedad y no lo arrincones hasta el final.
—Por favor, guarda estas joyas. Entrégaselas a Reni cuando sea el momento; sé que le gustarán cuando sea mayor.
Dicho esto, Leonor volvió a empujar la bolsa hacia las manos de Amaya.
Luego, lanzó una última mirada en dirección a Reni.
En ese momento, Romeo Ortega se acercó con la niña en brazos.
Reni, aferrada al cuello de Romeo, movía de un lado a otro sus grandes ojos que parecían uvas brillantes.
Observó a Leonor con mucha curiosidad. Su mirada, vivaz y perspicaz, demostraba que era una niña sumamente lista e inteligente.
Romeo señaló a Leonor.
—Reni, ella es tu tía. Dile hola a tu tía.
Reni obedeció al instante.
—Tía... tía...
Esa simple palabra hizo que el corazón de Leonor diera un vuelco.
Observó a la niña y, sin poder evitarlo, extendió los brazos con dulzura.
—¿La tía puede darle un abrazo a Reni?
La pequeña dudó y miró a Romeo, buscando su aprobación. Al ver que él asentía con una sonrisa, Reni se inclinó hacia Leonor.
Leonor la apretó contra su pecho con fuerza.
Se dio cuenta de inmediato que la niña había crecido y ganado peso desde la última vez que la vio.
Reni la miró con asombro; ambas se observaron a los ojos y sonrieron al mismo tiempo.
La carga que Leonor sentía en el corazón desapareció por completo, siendo reemplazada por un profundo y genuino cariño familiar.

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