Se hizo un silencio de varios segundos al otro lado de la línea, seguido por la risa profunda del hombre:
—Sí, mamá.
Al escuchar su voz, Beatriz se aferró al teléfono con fuerza, rompiendo en un llanto incontrolable que le impedía articular palabra.
Al verla en ese estado, Amaya se acercó rápidamente y la abrazó con cariño:
—Mamá, por favor. Siempre fuiste una mujer de hierro, nunca te había visto tan sentimental.
—Es una noticia increíble que Sebastián regrese, pero mírate, estás llorando a mares de la emoción.
Amaya tomó el teléfono y gritó con alegría:
—¡Sebastián, cuando llegues, Romeo y yo iremos al aeropuerto a recogerte!
Beatriz, logrando calmar un poco sus emociones, se apresuró a añadir:
—¡Yo también, yo también voy!
—No he visto a mi hijo en tantos años, tengo que ir personalmente al aeropuerto a recibirlo.
En ese momento, la dulce voz de Reni intervino repentinamente:
—¡Reni también va!
La ocurrencia de la niña hizo que todos en la habitación estallaran en carcajadas.
Beatriz abrazó a Reni de inmediato, llenándola de mimos:
—Claro que sí, mi amor. Nuestra Reni también irá a buscar a su tío, ¿te parece bien?
—¡Qué felicidad! ¡Por fin nuestra familia estará completa!
Reni, que era una niña muy lista y cada vez hablaba mejor, levantó las manos al aire y gritó emocionada:
—¡A buscar al tío! ¡A buscar al tío!
Sus adorables palabras infantiles provocaron más risas entre todos.
Al otro lado del teléfono, Sebastián no pudo evitar soltar una risa suave:
—Trato hecho, el tío le llevará muchos regalos a Reni.
—Nos vemos mañana entonces.
Amaya respondió con entusiasmo:
—¡Claro que sí! ¡Nos vemos mañana, hermano!
Cuando la llamada terminó, Beatriz se desplomó en una silla, llorando desconsoladamente.
Amaya sabía perfectamente que su madre estaba liberando años de dolor y emociones reprimidas, y por eso lloraba de aquella manera.

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