Entrar Via

Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 123

—¡Mamá!

Ese «¡Mamá!» fue el grito más desahogado y liberador que Amaya había soltado en mucho tiempo.

—¡Mi niña!

La voz ronca pero llena de vida de Beatriz resonó en la habitación. Al instante siguiente, ambas se fundieron en un abrazo tan apretado que parecía que jamás habían estado distanciadas.

A pesar de la ropa, al abrazarla, Amaya notó claramente que al pecho de Beatriz le faltaba una parte.

Las lágrimas no se hicieron esperar y comenzaron a brotar a raudales:

—Mamá, tú...

La miraba con el corazón encogido. Tenía tantas cosas que decirle atoradas en la garganta que no logró articular ni una sola frase completa.

Pero Beatriz mantenía una actitud envidiable. Soltó una carcajada vibrante e incluso dio una vuelta rápida frente a su hija:

—¿Por qué lloras? Tu madre está mejor que nunca. Solo fui a superar una prueba de fuego, ¡y ahora he regresado triunfante!

—No te preocupes, el resultado de la operación fue excelente, mucho mejor de lo que esperábamos. Por eso me dieron de alta antes; ya me urgía venir a conocer a mi nieta.

—¡Reni! ¡Mi princesa hermosa! ¡Tu abuela ya llegó, ven, deja que te dé un abrazo!

Beatriz hizo a Amaya a un lado y caminó a toda prisa hacia la cuna de la bebé.

Al ver a la pequeñita acostada, los ojos se le hicieron dos medias lunas de la felicidad y de inmediato estiró los brazos para cargarla.

Marta casi se muere del susto; rápidamente levantó un spray desinfectante y le apuntó:

—¡Señora, espere! Primero tiene que desinfectarse para poder agarrar a Reni.

La actitud defensiva de Marta dejó pasmada a Beatriz por un segundo, pero a Amaya le pareció tan gracioso que no pudo evitar soltar una risita.

Bueno, el regaño acababa de surtir efecto y se le había quedado grabado. Estaba visto que echando a perder se aprende, y ella lo aprendió a la primera.

—Mamá, las defensas de Reni están muy bajas ahorita, tenemos que tener muchísimo cuidado.

Beatriz asintió con una sonrisa:

—Tienen toda la razón, más vale prevenir. Vengo arrastrando bacterias de un montón de vuelos con esta ropa. Voy a cambiarme y a desinfectarme bien antes de agarrar a mi nieta.

Dicho esto, Beatriz dio media vuelta y entró al baño como un torbellino.

Con tanta energía y vitalidad, nadie adivinaría que acababa de salir de una cirugía mayor.

La atmósfera pesada y angustiante que antes dominaba la habitación se disipó, reemplazada por la inmensa alegría del reencuentro.

Sin embargo, esa alegría no duró mucho; pronto fue interrumpida por un escándalo de llantos y gritos provenientes del pasillo.

—¡No fui yo! ¡Esa maldita niñera me está inculpando! ¡Te juro que yo no le di pastillas para dormir a mi bebé, te juro que no fui yo!

—¡Romeo! ¡Por favor, créeme! ¡Soy inocente!

—¡Seguro fue esa desalmada que me ayuda en la casa! ¡Quiere lavarse las manos y echarme toda la culpa a mí!

Era la voz de Vera, que resonaba a través del pasillo VIP con un llanto desgarrador.

Al escuchar el alboroto, Amaya se quedó perpleja y sorprendida.

¿Eso significaba que el hijo de Romeo también había ingresado al hospital la noche anterior?

Este hospital era el más prestigioso de todo Solsepia; contaba con las mejores instalaciones, la tecnología más avanzada y los médicos más reconocidos. Además, tenía un área exclusiva para pacientes VIP con servicios de primer nivel.

Prácticamente cualquier persona con dinero en la ciudad venía a atenderse o a operarse aquí. Se rumoreaba que los verdaderos dueños del lugar eran precisamente los de la familia Ortega, así que no era nada raro que Romeo lo hubiera elegido para su hijo.

Y si Amaya también estaba ahí, era porque valoraba enormemente la excelencia médica y el buen trato del personal; cuando se trataba de salud, ella jamás escatimaba en gastos.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós a la Esposa Perfecta