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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 137

El corazón que Diego tenía en la garganta volvió por fin a su lugar.

Ver que Amaya por fin accedía a comer lo que él le había comprado lo llenó de un alivio y una alegría inmensos.

Era evidente que la antojada tenía muchísima hambre.

Fue probando uno por uno todos los platillos que tenía enfrente. Masticaba con bocados pequeños, con una delicadeza que Diego siempre había encontrado adorable.

Cuando Diego se lo proponía, sabía exactamente cómo conquistar el paladar de Amaya.

Aquella comida, desde la elección de los platos hasta la sazón y las guarniciones, había dado justo en el clavo de lo que a ella le gustaba.

Amaya disfrutó cada bocado y se dio un buen banquete.

No fue hasta que soltó un largo suspiro de satisfacción que por fin bajó los cubiertos.

Al levantar la vista hacia Diego, se notó un poco avergonzada e intentó justificarse sin pensarlo:

—Comí tanto para poder cuidar mejor a mi hija. Llevo días sin comer bien.

Diego no pudo evitar sonreír y enseguida empezó a endulzarle el oído:

—Ya lo sé, te has esforzado mucho, Ami. Las mamás son lo más increíble del mundo; al verte, me doy cuenta de lo grande que es el amor de madre.

Aunque ella ya no sentía nada por el hombre que tenía enfrente y, de hecho, le guardaba un profundo rechazo, algo había cambiado.

Después de esa cena, Amaya sintió como si la comida hubiera sepultado el coraje que llevaba por dentro.Quiso descargar su enojo, pero se dio cuenta de que ya no le quedaban ganas de pelear; la furia se le había pasado por completo.

Era cierto eso de que barriga llena, corazón contento.

Una extraña atmósfera de tranquilidad se apoderó de ambos.

Y con el silencio de la noche en ese enorme comedor del hospital, donde solo estaban ellos dos, esa calma resultaba aún más desconcertante.

—No tienes que decir esas cosas. ¿No íbamos a platicar del divorcio?

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