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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 136

Vera se clavó las uñas en las palmas con tanta fuerza que se rompió sus largas uñas postizas; sus ojos estaban llenos de un odio desbordante.

***

Para cuando Amaya volvió a despertar, ya había anochecido por completo.

En la habitación solo estaba encendida una tenue luz de noche. Apenas se incorporó, se escuchó un fuerte estruendo en la puerta, como si algo pesado hubiera caído al suelo.

Amaya se dio un buen susto. Agudizó la vista y se dio cuenta de que Diego había perdido el equilibrio y se había caído de la silla.

Sorprendida, soltó de golpe:

—¿Cómo es que todavía no te vas?

Diego había pasado todo el tiempo hecho bolita en esa silla tan incómoda, a pesar de lo alto que es. Al principio no durmió; se quedó a la distancia, velando en silencio a Amaya y a Renata.

Se dio cuenta de que, aunque llevaba días con la cabeza hecha un lío, su mente solo se aclaraba cuando estaba al lado de ellas dos.

Al final, los problemas del mundo exterior no importaban. Lo único importante era que los tres estuvieran así, tranquilos, en un espacio que les pertenecía solo a ellos.

Aunque no hiciera nada, el simple hecho de verlas dormir le daba una sensación de paz y felicidad.

Su hija era como un lazo que los unía fuertemente a los dos. Por fin podía experimentar esa sensación mágica... justo dos meses después del nacimiento de la niña.

A Diego le pasaban muchas cosas por la cabeza.

Tenía un montón de cosas guardadas que quería decirle a Amaya.

En lugar de acercarse, se quedó parado junto a la puerta y bajó la voz al máximo:

—Ami, no te alteres. Reni y Marta están dormidas. ¿Podemos salir un momento a platicar?

Amaya sintió un rechazo instintivo:

—No tenemos nada que platicar, ya vete.

Diego ya se imaginaba esa respuesta: —Tú querías platicar del divorcio, ¿no? Ahorita quiero que lo hablemos bien.

La palabra «divorcio» le tocó una fibra sensible a Amaya.

Ya no aguantaba las ganas de cortar cualquier lazo con Diego y terminar con ese matrimonio.

Lo único que quería era llevarse a su hija y vivir en paz, sin que él volviera a interferir en su vida de ninguna manera.

Sin dudarlo, se quitó la cobija de encima, se bajó de la cama y habló con voz muy baja pero fría:

Capítulo 136 1

Capítulo 136 2

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