Amaya se dio la vuelta, totalmente indiferente.
Vio a Vera parada en la entrada del restaurante. Llevaba ropa de dormir color rosa pastel, el cabello suelto, y traía el rostro pálido y demacrado, con los ojos enormes e hinchados de tanto llorar. Se veía la pura imagen de la víctima.
Vera se fijó en la comida servida sobre la mesa.
Reconoció de inmediato los empaques de uno de los restaurantes más exclusivos y caros de Solsepia.
Los celos la consumieron. Se le fue encima a Diego, agarrándolo del brazo justo enfrente de Amaya, a punto de soltar las lágrimas:
—Diego, por fin logré dormir a Mati, me muero de hambre. Yo ni he cenado.
Amaya observó a Diego en silencio; la sonrisa burlona que se dibujó en sus labios le resultó dolorosa a él.
Tomó aire, se zafó del agarre de Vera e instintivamente se acercó a Amaya. Con voz muy seca, respondió:
—Si no has cenado, pide algo, o si no le haces el feo, aquí sobró bastante comida.
A Vera se le abrieron los ojos como platos; señaló a Amaya y levantó la voz, incrédula:
—Diego, ¿me estás diciendo que me coma las sobras de ella?
—¡Tú sabes perfecto que nunca en mi vida me he comido las sobras de nadie! ¡Cómprame algo ahorita mismo, quiero una cena igualita a esa!
Diego se le quedó viendo fríamente y negó con la cabeza:
—Ahí traes tu celular; si quieres cenar, pídelo tú.
—De ahora en adelante ya no puedes estar dependiendo de mí para todo. Ya eres una mujer casada, Vera.
Amaya seguía ahí de pie, sin decir nada, clavando la vista en la cara de Vera, esperando a ver con qué teatrito salía ahora.
Dicho y hecho, al segundo siguiente, Vera se soltó llorando. Como niña chiquita a la que no le cumplen el capricho y empieza a hacer berrinche, se volvió a lanzar para jalar a Diego de la mano:
—Diego, fuiste tú el que me enseñó desde niña que siempre iba a poder contar contigo.
—Sí, traigo mi celular, pero Amaya también tiene el suyo. ¿Por qué le pagas la cena a ella y a mí no? ¡Diego, antes yo siempre era tu prioridad!
La mirada de Diego se volvió todavía más gélida:
—Tú misma lo dijiste: eso era antes. Ahorita tengo mi propia familia, ¿te queda claro?



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