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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 36

—Camilo, tú te llevas bien con Amaya, ayúdame a convencerla —dijo Diego.

—Hacer berrinche tiene un límite. El hecho de que haya tenido una hija no le da derecho a actuar como una mujer inmadura y armar escándalos por todo...

La sonrisa de Camilo fue desapareciendo y su mirada se volvió más indescifrable.

Antes de que Diego pudiera terminar de hablar, aplastó con fuerza el cigarrillo a medio terminar contra el cenicero y habló con un tono gélido:

—¿De verdad crees que Amaya te está haciendo un berrinche?

Axel levantó la vista alarmado y, al notar la extraña actitud de Camilo, se asustó. Se acercó de inmediato y le tiró de la manga.

Camilo ni siquiera volteó a ver a Axel. Se puso de pie, caminó directamente hacia Diego y le dijo con evidente furia:

—Ponte la mano en el corazón y dime: en estos cinco años, ¿cómo se ha portado Amaya contigo?

El rostro de Diego se oscureció:

—Camilo, ¿estás... poniéndote de su lado?

Camilo continuó:

—Hace cinco años, cuando te ibas a casar con ella, te advertí que, aunque Amaya tenía un pasado complicado, en el fondo tenía un corazón muy noble. Cuando ella se enamora de alguien, lo entrega todo. Podías no amarla, pero no tenías derecho a lastimarle. Si decidiste casarte con ella, tenías que tratarla bien, pero, ¿qué es lo que has hecho?

Diego al fin comprendió por dónde iba la conversación. Se levantó de golpe, mirándolo de forma amenazante:

—¿Acaso no la trato bien? Le di su lugar como la señora Muñoz. En estos cinco años, ¿qué le ha faltado? ¿Cuándo le he negado algo de lo que me ha pedido?

—¿Qué le has dado?

Camilo soltó una carcajada sarcástica, acercándose bruscamente a Diego, con una rabia desbordante en los ojos:

—Diego, ¿de verdad crees que con solo darle el título de tu esposa le estás haciendo el favor de su vida?

Respiró profundo, pero su voz no dejaba de temblar por la indignación:

—Diego, ¿cuántas veces han pasado este tipo de «accidentes» en el último año?

—Cuando ella te llamó a medianoche con treinta y nueve grados de fiebre, le dijiste que tomara más agua. ¡Pero a Vera le bastó con toser mientras hablaba por teléfono contigo para que pidieras un vuelo privado de madrugada directo a Aquilinia!

—Acompañaste a Vera a todas sus consultas del embarazo, ¿verdad? Pero a Amaya, ¿la acompañaste alguna vez? ¿Sabes lo mucho que lloró de angustia a los tres meses de embarazo, cuando el doctor le dijo que los niveles de la bebé no estaban bien y que necesitaba una amniocentesis?

Con cada palabra de Camilo, el rostro de Diego se descomponía más.

Axel se dio cuenta de que las cosas se estaban saliendo de control y tiró desesperadamente de la ropa de Camilo, pero este ya no tenía frenos y soltó todo lo que traía guardado.

—Dices que Amaya casi pone la casa patas arriba... Ya es bastante malo que la ignores constantemente, ¡pero fue el colmo que te olvidaras del primer mes de tu propia hija! ¿Tienes idea de cómo nos sentimos todos cuando llegamos felices a la fiesta y nos dimos cuenta de que estabas celebrando el primer mes del hijo de otra persona?

—Y eso de que te molesta que le haya exigido dinero a tu madre... la verdad, a mí no me parece mal. De hecho, me alegra que por fin haya abierto los ojos. Durante cinco años, ella se desvivió trabajando para tu empresa y aceptando proyectos por fuera solo para cubrir sus gastos, todo para demostrarte que no estaba contigo por dinero. Aunque lleve el título de la señora Muñoz, ¿ha vivido un solo día como una mujer rica?

—Diego, ella no ha cambiado... simplemente le mataste el amor.

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