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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 54

Se acercó a ella y le mordió el lóbulo de la oreja con suavidad; un gesto íntimo que, paradójicamente, a ella le provocó un escalofrío de repulsión.

—Diego, no me toques... me das asco.

Amaya se sintió terriblemente humillada, deseando con toda el alma esfumarse de debajo de su cuerpo. Intentó defenderse a como diera lugar y terminó arañándole el dorso de la mano.

La mirada de Diego se tornó sombría y, en vez de alejarse, se le echó encima con más presión, advirtiéndole con voz ronca:

—Ahorita se te quita esa sensación.

Empezó a besarla de manera asfixiante, bajando desde sus labios con una firmeza imposible de frenar... una intensidad que le resultaba absurdamente familiar.

En los cinco años de matrimonio, antes de que ella quedara embarazada, siempre habían tenido muy buena química en ese aspecto.

Toda esa intimidad y pasión que desbordaban a puerta cerrada fue, de cierta manera, lo que llevó a Amaya a enamorarse tan perdidamente de él en su momento.

Diego y ella no solo eran un buen equipo en el trabajo, también se entendían a la perfección en la cama.

Antes de esperar a la niña, apenas y podían quitarse las manos de encima; el mismo Diego le había confesado en alguna ocasión que estaba enviciado con ella.

Amaya había llegado a creer que ese deseo era otra forma de amor, pero tras la aparición de Vera, le quedó claro que las ganas no tienen nada que ver con los sentimientos.

Tal como estaba pasando justo ahora; a pesar de que ella lo rechazaba, él insistía en forzar las cosas, importándole un bledo lo que ella pudiera estar sintiendo.

Amaya cerró los ojos, dejando que unas lágrimas resbalaran por sus mejillas.

Diego deslizó la mano por debajo de su blusa, erizándole la piel con el calor de sus dedos, y le habló en un tono ronco:

—Ami, yo sé que la has pasado mal estos días. Asumo la culpa por no haber estado contigo en la cuarentena, de verdad perdóname.

Ella se mordió el labio inferior para contener un sollozo, pero le fue imposible frenar el ligero temblor de su cuerpo.

—Cállate, pedir perdón no sirve de nada —replicó, volteando la cara hacia otro lado.

Diego la volvió a besar a la fuerza, separando sus labios para profundizar el roce, y, tras varios besos prolongados, se apartó un poco:

—Te lo voy a compensar. Mañana mismo pongo Villa Jardín del Edén también a tu nombre.

—Ya saqué una extensión de la tarjeta, ahora todo lo mío es tuyo. Gástate lo que quieras.

Le hizo a un lado el cabello que le cubría la frente, como si intentara mimarla:

—Desde hace tiempo te aclaré que no pienso divorciarme de ti bajo ninguna circunstancia. Ami, eres mi mujer para toda la vida. Sé muy bien que me sigues amando, ¿a poco no?

Se acercó poco a poco al rostro de Amaya, rozándole la piel con su respiración cálida:

—Mi amor.

Le susurró de forma ronca:

—Tenemos tan buena química... ¿de verdad vas a tirar este matrimonio a la basura?

Mientras decía eso, seguía acariciándola.

Una descarga la sacudió.

Amaya sintió un repentino choque eléctrico que estimuló todos sus sentidos y le entumeció el cuerpo entero.

El atractivo rostro del hombre estaba peligrosamente cerca; sus pupilas negras y profundas la escudriñaban fijamente desde esa corta distancia.

Capítulo 54 1

Capítulo 54 2

Capítulo 54 3

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