Amaya le echó un vistazo y la tomó.
Ya que le decía que gastara lo que quisiera, no tenía motivos para rechazarla... De ahora en adelante, ya no sería la estúpida mujer que gastaba su propio dinero en complacerlo a cada rato.
Él se inclinó para darle un beso en la frente y le dio unas palmaditas en el hombro a modo de consuelo:
—Duerme un rato, vuelvo rápido.
Se dio la vuelta y se fue, con pasos apresurados y nerviosos que poco a poco se fueron alejando.
La recámara se quedó en un silencio sepulcral.
Amaya entró al baño y, casi como si estuviera loca, se arañó el cuello con las uñas hasta dejarse marcas rojas, intentando ocultar los chupetones que Diego le acababa de dejar.
Luego, abrió la regadera y se talló el cuerpo con desesperación; la repulsión que sentía desde el fondo de su ser le provocó unas intensas ganas de vomitar.
Sentía que se asfixiaba con solo pasar un segundo más en ese lugar.
Tiró a la basura la blusa que él le había roto y buscó en el clóset ropa vieja que no se había llevado para cambiarse.
Bajó las escaleras de prisa, ansiosa por irse de ahí.
Eva salió apresurada de su cuarto y, al ver a Amaya, la miró con lástima:
—Señora, espere un poco más en la casa, el señor seguro regresa pronto.
Amaya negó con la cabeza sin dudarlo:
—No, ya no quiero estar ni un minuto más en esta casa.
Salió a toda prisa por la puerta principal de Villa Jardín del Edén. Eva se quedó en la entrada, observando con melancolía cómo se alejaba, y no pudo evitar soltar un ligero suspiro.
Eva no pudo evitar pensar para sí misma:
«El señor y la señora se llevaban tan bien antes, ¿qué demonios les está pasando ahora?».
Amaya planeaba regresar para ir por su coche.
Se quedó esperando en la calle un buen rato hasta que por fin pasó un taxi.
Amaya acababa de subirse al carro y estaba a punto de darle la dirección al chofer.
Cuando le llegó un mensaje provocador de Vera:
[Con solo hacerme la víctima tantito, tu querido marido vino a buscarme sin importarle nada.]
Amaya intentó tomar una captura de pantalla al instante, pero, para su sorpresa, Vera había aprendido la lección y lo borró en segundos.
Vera le mandó rápidamente otros mensajes:
[¿Me enteré que te vas a divorciar de Diego? Qué bueno, ojalá te apures, apures y te apures.]
Pero, por ese mensaje de Vera y las indirectas que Josefa le había lanzado antes, empezaba a atar cabos.
Vera era demasiado prepotente.
Y se atrevía a serlo porque sabía muy bien que Amaya no tenía a nadie que la respaldara.
Pero ahora, Amaya sí tenía respaldo, y uno muy poderoso.
Amaya le reenvió la captura de pantalla directamente a Saúl con el siguiente mensaje:
[Saúl, busca la forma de conseguir las fotos que están en casa de Vera. ¿Crees que puedas hacerlo?]
Saúl respondió al instante: [Sí.]
Amaya lo pensó un momento y luego le mandó la ubicación de Vera en la playa a Saúl con este mensaje:
[Manda a un par de tipos a este lugar y tiren a Vera al mar para que se de un buen susto tragando agua. Si alguien se mete, tírenlo también. Solo asegúrense de no matar a nadie.]
Saúl fue directo y al grano: [Enterado.]
«Vera, ya es hora de que pagues por andarme provocando a cada rato».
Pensó Amaya; en su mirada solo quedaba un vacío frío y despiadado.

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