—¿Tiene cita?
—No —respondió Gabriela, con sinceridad.
Las recepcionistas cruzaron otra mirada, con una expresión que decía claramente: "Me lo imaginaba".
—Lo lamento, pero el Director Jara es un hombre muy ocupado. Sin una cita previa, le será imposible verlo en persona —respondió la chica, manteniendo un tono formal.
En ese momento, la otra recepcionista sugirió:
—En todo caso, podría llamarlo usted misma a su teléfono.
Gabriela vio las sonrisas plastificadas de las chicas y comprendió que discutir con ellas sería inútil.
Estuvo a punto de marcar el número de Enzo, pero de golpe recordó que ese hombre acababa de bloquearla.
Soltó un suspiro de resignación y volvió a dirigirse a la recepción.
—Por favor, llamen a Enzo a través de la línea interna y díganle que lo estoy esperando. Soy su...
—¿Gabriela?
Una voz masculina la interrumpió antes de que pudiera terminar la frase.
Por puro reflejo, se dio la vuelta y observó al hombre que la había llamado.
Daniel Jiménez acababa de entrar a la empresa cuando vio a una mujer en la recepción que se parecía mucho a Gabriela.
Al comprobar que efectivamente se trataba de ella, frunció el ceño de inmediato. Avanzó un par de pasos y, sin mediar palabra, la jaló del brazo para alejarla del lugar.
Al no estar prevenida, Gabriela fue arrastrada a la fuerza por Daniel.
Daniel no se detuvo hasta llegar a un pasillo vacío. Allí la soltó, mirándola con profunda desconfianza.
La miraba como si fuera la típica esposa histérica y despechada que, olvidando por completo su dignidad, se presentaba en la oficina de su marido para armar un escándalo.

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