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Atada a un Hombre Mayor romance Capítulo 22

Emma no pudo negarse a la petición, o mejor dicho, a la exigencia de Robert. Se suponía que estaba comprometida con Benedict y que esperaba un hijo suyo. ¿Cómo podía negarse a compartir la cama con su prometido sin levantar sospechas? Negarse habría sido más escandaloso que aceptar.

Noah fue el primero en oponerse.

—No creo que sea correcto —soltó, con el ceño fruncido—. Mi tío jamás ha llevado a una mujer a esa habitación. Creo que sería una falta de respeto para la casa. Tal vez debería esperar hasta después de la boda —trató de argumentar, peo para nadie pareció ser una excusa convincente.

Sin embargo Emma sintió una punzada en el pecho ante esa revelación. Benedict jamás había llevado a una mujer ahí. ¿Era verdad? La idea le hizo pensar más de lo que esperaba.

Benedict no le dio ninguna validez.

—¿Te preocupa que tengamos sexo esta noche y podamos perturbar tu sueño? —preguntó con descaro.

—No es eso —afirmó Noah, apretando los dientes.

—Lamento decirte que tal vez no será posible —continuó Benedict con total calma—. Emma no se siente muy bien. Aunque si de pronto mejora, mi habitación y la tuya tienen suficiente distancia como para que no escuches ruidos inapropiados. Si sabes a qué me refiero.

Mariana contuvo la respiración. Noah dio un paso al frente.

—Basta.

—Suficiente —intervino Robert, antes de que continuaran.

—Todos somos adultos y Emma ya espera un hijo de Benedict. Que pase la noche aquí ahora no altera nada ni cambia los hechos.

Benedict alzó las manos en señal de rendición, aunque su sonrisa no desapareció. Luego rodeó la espalda baja de Emma con un gesto firme, posesivo.

—Vamos, cariño —mencionó con la voz grave.

Mariana, desde el sofá, apretó el borde de su vestido con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

Emma inclinó ligeramente la cabeza para despedirse de Robert, quien quedó satisfecho con la resolución y Emma subió las escaleras junto a Benedict. Sentía todas las miradas clavadas en su espalda, aun así no se detuvo. Antes de entrar al pasillo superior, Benedict llamó a una sirvienta.

—Llévala a mi habitación. Olvidé mi celular en el auto —ordenó.

La mujer asintió y guio a Emma.

La habitación era más grande que la del apartamento, pero tenía muchas similitudes. Era ordenada. Masculina. Oscura. Impecable. Todo estaba colocado perfectamente en su sitio. Estaba claro que era un hombre muy ordenado. El olor de Benedict estaba en el aire y, de alguna forma, eso la hizo sentirse más tranquila. Se dijo a sí misma que quizá se debía a que se había acostumbrado a ese aroma en las últimas semanas. Dormía con él presente, incluso cuando no estaba ahí. Y misteriosamente no le provocaba nauseas como otros olores. Tal vez al bebé le agradaba que Benedict fuera su padre, aunque fuera falso.

Emma avanzó unos pasos, observando cada rincón, el enorme ventanal, el escritorio, la cama amplia con sábanas perfectamente tensadas. Estaba tan ensimismada que no escuchó la puerta abrirse.

El sonido al cerrarse la hizo dar un pequeño brinco. Se giró de prisa y Benedict estaba ahí, con las manos en los bolsillos, ya no tenía puesta la chaqueta.

—¿Y bien? —preguntó—. Quiero saber qué sucede. ¿Por qué de pronto te sentiste mal? —indagó a acercándose a ella.

Emma evitó su mirada un segundo. No quería crear problemas. Tampoco quería repetir palabra por palabra lo que Noah le había dicho. No por los insultos. Sino por la humillación que le provocaba haber amado a alguien tan desgraciado como él.

—Noah me reclamó lo del embarazo —admitió al final soltando un suspiro—. Yo también le eché en cara lo de Mariana. Supongo que eso me alteró —musitó sin ápice de orgullo por lo ocurrido.

Benedict no respondió de inmediato. Sin embargo su expresión cambió. Se notaba molesto. No solo por el altercado. Por todo.

—¿Estás enojado? —preguntó Emma con un atisbo de sorpresa.

—El que Noah se la pase detrás de ti me resulta un problema —respondió sin rodeos—. Detesto la maldita idea de que cada vez que mi prometida se queda a solas, él esté en alguna parte buscándola. Eso empieza a fastidiarme.

Emma frunció el ceño.

Una pareja 1

Una pareja 2

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