—No sé si le ofreciste dinero a esa mujer para cubrir esta farsa, pero lo voy a averiguar —sentenció Robert, sin apartar la mirada—. No voy a permitir que te burles de esta familia con un matrimonio inventado.
Benedict sintió que la rabia le subía por el cuello, pero mantuvo la calma externa. Le resultaba patético que su padre no le dijera lo mismo a Noah, quien claramente se había apresurado a casarse y a preñar a Mariana por el mismo motivo. El favoritismo de Robert hacia la "rectitud" de su nieto era algo que Benedict no iba a perdonar fácilmente. Estaba decidido a quedarse con esa herencia, incluso si para lograrlo tenía que quemar la mansión entera con todos ellos adentro.
—Averigua lo que quieras —dijo Benedict, levantándose de la silla—. Antes de que lo hagas, te diré algo que debes saber sobre Emma —soltó, deteniéndose justo antes de cruzar la puerta.
Robert frunció el ceño, esperando saber qué otra trama o manipulación estaba por soltar su hijo. Pero la seguridad en el rostro de Benedict lo puso alerta.
—Emma está embarazada —declaró Benedict con una frialdad absoluta—. Tiene ocho semanas y, si me voy a casar con ella, es porque obviamente ese hijo es mío.
Aquellas palabras no eran esperadas por su padre. Robert, que llevaba mucho tiempo sin recibir una sorpresa de esa magnitud, se quedó mudo, visiblemente impactado. La noticia era una bomba que cambiaba todo por completo.
—¿Es verdad lo que estás diciendo? —preguntó Robert, tratando de recuperar la compostura mientras lo escudriñaba.
—¿Por qué mentiría? —respondió Benedict con una sonrisa cargada de cinismo—. Ah, es verdad, por la herencia. Averigua lo que tengas que averiguar, padre. Pero espero que Emma reciba exactamente el mismo trato que tendrá la esposa de Noah de ahora en adelante.
Sin decir más, salió de la oficina dejando a su padre sumido en un silencio de duda y asombro. Benedict caminó hacia su auto sintiendo una satisfacción amarga. Tomó su teléfono y marcó el número de Emma. Era domingo y quería llevarla a almorzar; necesitaba hablar con ella ahora que el caos de la noche anterior se había calmado, pero sobre todo, necesitaba marcar las pautas de lo que vendría.
Emma respondió al segundo tono.

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