Rodrigo apartó la mirada de la villa iluminada, con una expresión helada.
—Avisa a los Barreto, tienen un día para deshacerse de Mateo.
—Me encargo de inmediato —respondió Ignacio.
Rodrigo entrecerró los ojos y se inclinó para recoger una caja de terciopelo negro que había caído sobre el tapete. Estaba medio abierta, y una fina cadena asomaba por la ranura. En la punta colgaba un pequeño diamante que, al moverse, emitía un destello cegador.
—¿Quiere que se la lleve a su esposa? —preguntó Ignacio.
Rodrigo le lanzó una mirada gélida.
Ignacio sacó su celular a toda prisa y se puso a contactar al patriarca de los Barreto.
Rodrigo abrió la cajita de terciopelo. La fina cadena estaba enredada, y un cascabel diminuto tintineaba sin parar con cada movimiento de su mano.
«¿Qué clase de collar es este?».
Ignacio volteó para reportar su avance, pero al ver la cadena, soltó:
—Señor Fuentes, eso es una cadena para el pecho.
Rodrigo fue directo al grano:
—¿Para qué sirve?
Ignacio se quedó mudo, sin saber qué decir. Si metía la pata, le iba a ir muy mal. Abrió la aplicación de inteligencia artificial, de Grupo Red Inteligente, y buscó: «Usos de la cadena para el pecho en la intimidad».
—Señor Fuentes, según lo que encontré, es un accesorio íntimo pensado para provocar visualmente, intensificar el contacto y añadir un toque de juego y sensualidad.
Rodrigo lo cuestionó con mucha calma:
—¿Y tú cómo sabías?
Ignacio empezó a sudar frío.
—Un amigo de la universidad siempre le regalaba esas cosas a su novia y se la pasaba presumiendo. Yo nunca he usado una, solo me enteré a la fuerza.
Rodrigo guardó la parte de la cadena que colgaba y cerró la caja con total naturalidad.
«¿Lucía me estaba insinuando algo? Pero hace un momento no parecía estar haciéndose la difícil».
Al día siguiente, tras terminar la junta matutina, Lucía se quedó con los diseñadores ajustando la curvatura de los cuellos, la longitud de los cortes y la distribución de la pedrería cosida a mano para los nuevos diseños, hasta aprobar los bocetos finales.
El lanzamiento de la nueva colección de Grupo Verve, llamada Niebla, coincidió con el de la empresa de diseño Idea, dirigida por Teresa. Ellas habían publicado su adelanto primero, y la otra empresa no tardó en seguirlas.

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