Lo que Cecilia le dijo a la abuela Lorena no era solo para consolarla; era la pura verdad.
Para movilizar a toda una organización con ese nivel de coordinación, era evidente que no eran novatos.
Quedaba claro que la gente de Estrellonia estaba obsesionada con atraparla.
—Muchacha terca, siempre le restas importancia a todo.
La abuela sabía que no podría hacerla cambiar de opinión.
En el fondo, la chica se parecía mucho a ella.
De las que no se rinden hasta estrellarse contra la pared.
—Te voy a enviar a un par de personas más para que te cuiden. Rayan puede quedarse un tiempo, pero pronto tendrá que volver a Veridia.
Rayan tenía compromisos de varios años en Veridia, por lo que no podía quedarse escoltando a Cecilia indefinidamente en Viento Claro.
Además, tenerlo de niñero era un desperdicio de su talento.
—Abuela, ya tengo seis guardaespaldas conmigo, por favor, no envíes a nadie más.
Con tanta gente, ya era más que suficiente para garantizar su seguridad.
—A estos dos tienes que aceptarlos sí o sí. Si no, tendré que ir yo misma a Viento Claro.
Como la abuela Lorena siempre cumplía su palabra, a Cecilia no le quedó de otra que aceptar.
Cuando el abuelo Esteban se enteró de que ni siquiera la abuela había logrado disuadir a la jovencita, suspiró con impotencia.
—Si tu abuela te mandó a dos personas más, ¿qué te parece si este abuelo te pone otros dos?
Cecilia se frotó la frente.
—A los de la abuela ni siquiera los quería, así que no me sumes más problemas.
—Con tantos hombres detrás de mí, la gente va a pensar que soy una funcionaria importante o algo así.
—¡Es que eres la persona más importante de nuestra familia! —El abuelo Esteban no mentía.
Para él, Cecilia era tan valiosa como lo había sido su propia hija; era el tesoro de los Ortega.
—Abuelo, sé que me quieres mucho, pero tanta gente llamaría demasiado la atención. —Cecilia volvió a rechazarlo.
El abuelo se cruzó de brazos, indignado.
—¿Acaso solo quieres a tu abuela y a mí me haces a un lado?
—Te llamé, primero, porque me preocupa que Tiago vuelva a buscar a Cecilia, y segundo, porque mis subordinados están en muy mal estado. Quería saber si Cecilia podría revisarlos.
Hasta ese momento, en la clínica no habían logrado encontrar el origen del problema.
Él sospechaba que habían sido envenenados, pero la medicina convencional estaba con las manos atadas.
Al ver que los doctores no tenían respuestas, pensó en la medicina natural.
Como todos decían que esa jovencita era una experta herbolaria, quería pedirle su opinión.
Al estar en la misma clínica, a Cecilia no le costaría nada acercarse a revisarlos.
A Cristhian le daba vergüenza pedirle el favor, considerando que acababa de ser secuestrada y seguía en observación.
De hecho, Agustín quiso negarse en nombre de ella.
¡Apenas era una paciente! ¿Cómo iba a ponerse a consultar?
Pero él conocía muy bien la personalidad de Cecilia.
—Cristhian pregunta si quieres ir a verlos.
Y le resumió rápidamente la situación.

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