En cuanto la pareja de clientes salió por la puerta, Dante, el novio de Kiera, se acercó a ella de inmediato.
—Kiera, ¿te cayó muy bien esa señorita?
Dante pasó de ser el tímido muchacho a un hombre con una mirada oscura y perturbadora.
Seguía siendo igual de atractivo, pero el aura que emanaba ahora causaba un miedo indescriptible.
—Yo... —Kiera intentó retroceder por instinto, pero no se atrevió a hacerlo.
—Solo me dio envidia.
—¿Y qué le envidiaste? —Dante se mostró aún más molesto—. ¿Le envidias tener un prometido tan rico y guapo? ¿O le envidias que sea más hermosa y tenga más dinero que tú?
Kiera retrocedió un par de pasos, bajando la mirada.
—Me dio envidia lo hermosa que es, y lo rica que debe ser.
Dante la abrazó por la espalda:
—Tú también eres muy hermosa. Puede que no a su nivel, pero no tienes por qué sentirte menos.
—En cuanto al dinero, Kiera, si cooperas, en el futuro ganaremos muchísimo.
—No dejaré que le tengas envidia a nadie.
A pesar de que las palabras de Dante sonaban llenas de cariño, a Kiera solo le produjeron un escalofrío que le heló los huesos.
En realidad, Dante no le había mentido a la clienta: él realmente le había prometido ahorrar para irse a una ciudad más grande a comprar una casa y abrir su propio salón de belleza.
Pero ese dinero no lo ganaría él, sino que lo sacaría a costa de Kiera.
Él la vigilaba todo el día. Kiera no solo tenía que lavar cabezas, también tenía que acostarse con clientes.
Todo el dinero que Dante había logrado acumular hasta ahora venía de prostituir a Kiera.
Incluso habían ampliado el negocio; Dante no solo la obligaba a atender clientes en persona, sino que también la forzaba a coquetear en línea con hombres asquerosos.
Obligaba a Kiera a engañar a otros, y a veces él mismo se hacía pasar por ella para seducir a hombres por internet y convencerlos de viajar hasta allí. Luego enviaba a Kiera a encontrarse con ellos.
Cuando Kiera estaba con la víctima, Dante irrumpía haciéndose pasar por el esposo engañado para exigir dinero.
En resumen, una clásica trampa para extorsionarlos.
Kiera estaba atrapada. Ella había llegado a Luminosa llena de ilusión para conocer a su amor de internet.
Hace unos años, ella lo había acompañado a una de las fiestas anuales de la empresa.
Y, por supuesto, allí había visto al presidente.
En cuanto a Cecilia, había visto en internet noticias sobre ella cuando ganó la medalla de oro en la competencia internacional de matemáticas.
El presidente multimillonario y la joven genio; realmente hacían una pareja perfecta.
En un pueblo tan pequeño, ellos destacaban demasiado.
Si se atrevían a visitar un lugar tan peligroso, significaba que estaban bien preparados.
¡Así que era su única oportunidad de pedir auxilio!
No era la primera vez que Kiera intentaba pedir ayuda a la policía, pero Dante la había descubierto.
Él no la golpeó, en cambio, se la entregó a unos clientes con gustos bastante depravados.
Esos hombres no tuvieron piedad de ella.
Kiera recordaba con horror aquellas manos asquerosas recorriendo su cuerpo y los juguetes que usaron para lastimarla y humillarla.

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