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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1624

El tacto social de la señorita Macarena dejaba mucho que desear; con razón Tristán Pérez la tenía comiendo de la palma de su mano.

Al principio ella era rebelde, pero ahora parecía aceptar lo que él decidiera sin rechistar.

—Yo no me quedo a dormir. —Agustín Sandoval fue prudente y de paso le lanzó una mirada a Tristán.

Usarlo como excusa no le iba a salir tan fácil.

Tristán suspiró, resignado.

—Está bien, quédense. Nosotros nos retiramos.

—Yo me quedaré cerca esta noche. Si necesitan algo, llámenme al instante.

En realidad, si Tristán quería llevarse a Macarena, no era por ninguna mala intención.

Simplemente le preocupaba su seguridad.

Después de todo, Cecilia había sufrido un intento de secuestro no hace mucho.

Se rumoreaba que uno de los delincuentes había logrado escapar, ¿quién garantizaba que no intentarían algo de nuevo?

Él solo quería mantener a Macarena a salvo.

Lo que no sabía era que, paradójicamente, no había lugar más seguro en la ciudad que el departamento de Cecilia.

Antes, Amelia Corrales se había quedado allí, y aunque ahora Cecilia vivía sola, tenía a sus guardaespaldas justo al lado.

Sara y José Ortiz estaban instalados en el departamento contiguo.

Cualquier ruido o movimiento inusual sería detectado por ellos de inmediato.

Además, habían instalado cámaras de vigilancia en la puerta y en las ventanas; nadie podría infiltrarse en la casa de Cecilia sin ser visto.

Por lo tanto, su casa era una auténtica fortaleza.

Lucas también decidió irse con ellos. De paso, los tres hombres se encargaron de llevarse todas las bolsas de basura que habían generado durante la fiesta.

Agustín incluso se puso un delantal y dejó la mesa del comedor impecable antes de salir.

Al verlo, a Cecilia le dio un poco de pena.

—No te molestes con eso, mañana puedo pedirle a la señora de la limpieza que venga a arreglar.

Ninguno de los dos andaba corto de dinero; si podían pagar para que alguien lo hiciera, no había necesidad de ensuciarse las manos.

La señora Paloma Ruiz sabía cómo criar a su nieta, jamás permitiría que se volviera tacaña o se limitara en esas cosas.

La habían trasladado de urgencia al hospital militar, donde el propio director Ramírez la operó en persona.

Pero su recuperación postoperatoria había sido terrible. No había logrado salir de cuidados intensivos, y justo hace unos momentos, sus signos vitales comenzaron a desplomarse.

Horacio estaba aterrado de que no lograra pasar la noche.

El doctor Ramírez había sugerido buscar al abuelo Teodoro para una consulta de emergencia.

Pero por desgracia, el abuelo Teodoro estaba fuera del país.

Fue entonces cuando el doctor Ramírez recomendó a Cecilia. Horacio apenas se venía enterando de que ella ya era una figura respetada por el mismísimo director quirúrgico.

—El doctor Ramírez me dijo que podrías ser nuestra única esperanza. Por eso me atreví a llamarte.

Mientras escuchaba, Cecilia ya se estaba vistiendo a toda prisa.

Había intentado obtener información sobre el estado de Amelia antes, pero dado que pertenecía a una unidad militar clasificada, los detalles de su salud se mantenían en absoluto secreto.

Solo sabía que el doctor Ramírez la había operado, por lo que asumió que el procedimiento había sido un éxito.

Después de todo, él era una eminencia, el mejor cirujano de la ciudad; su reputación no era un simple rumor.

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