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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1695

Ese hijo era el mayor tesoro de Esperanza y su secreto más guardado.

Cada año enviaba remesas, porque si su hijo estaba bien, ella estaba bien.

Aquel niño era el fruto de la relación con el único hombre que había amado de verdad.

Por desgracia, a los buenos la vida se les va rápido, y él había muerto en un trágico accidente.

Esperanza no pudo casarse y fue repudiada por todos en su pueblo. Quedar embarazada fuera del matrimonio en aquella época era motivo de murmuraciones eternas y humilló a toda su familia.

Fue al escuchar a unos parientes decir que de este lado de la frontera se ganaba dinero fácil, que decidió venir para poder mantener a su hijo.

Nadie estaba interesado en el triste pasado de Esperanza, pero la realidad era que a la mujer le dolía en el alma soltar los dólares que ya estaban en su bolsillo.

Su hijo era un muchacho brillante, ya había entrado a la universidad e incluso planeaba pedir una beca para estudiar en el extranjero.

Eso implicaba un gasto abismal, y como él tenía una salud frágil y necesitaba medicinas constantes, el dinero nunca era suficiente.

Después de dudarlo mucho, Esperanza decidió venderlos a ambos, incluyendo a Rogelio.

Ocho mil dólares por el moribundo y doce mil por Rogelio.

Técnicamente, los veinte mil dólares eran el precio de Rogelio; el moribundo era solo un regalo de consolación.

Esperanza ignoraba cuál era la ética de estos vendedores de remedios respecto a los cadáveres.

¿Acaso usarían a alguien a punto de expirar para probar sus medicinas?

Como fuera, tras llegar a un acuerdo, ordenó que le trajeran a Rogelio.

A quien le habían dado a beber un potente sedante.

La pócima lo dejó sin fuerzas; Rogelio no habría podido escapar ni aunque su vida dependiera de ello.

Esperanza, intentando justificarse, le dijo a Rogelio:

—Rogelio, no me culpes por venderlos. Sabes muy bien que los recursos médicos que tengo son escasos.

—No puedo salvar a tu hermano, y tú... —Esperanza chasqueó la lengua y le echó un vistazo a su entrepierna.

—Qué pena, resultaste ser mucha carcasa y poco motor.

Esperanza, sintiendo que había cumplido de sobra con su parte, le habló en tono conciliador:

—Rogelio, no me guardes rencor, lo hago por su propio bien.

—Cada vez hay más policías buscando por la zona, y en cualquier momento pueden enterarse de que están aquí escondidos.

—Yo mantengo a una familia gigante, a muchísimos chicos y chicas que dependen de mí, no puedo arriesgar sus vidas por culpa de ustedes dos...

Al final, Rogelio actuó como si los argumentos de Esperanza lo hubieran convencido.

—Esperanza, sé que en el fondo eres buena. Si no nos hubieras acogido desde el principio, mi hermano y yo ya estaríamos muertos.

—Si todavía valemos algo y esto te ayuda, nos iremos con ellas. Te deseo toda la suerte en tus negocios.

Viendo el desenlace tan emotivo, Cecilia casi creyó que Rogelio y Esperanza habían tenido un romance a escondidas.

Salió de la habitación junto a Sara.

Dejando a Samuel y José adentro, esperando pacientemente a que los dos terminaran su triste despedida antes de llevarse por fin a Rogelio y al maltrecho Cristhian.

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