Apenas se habían marchado, cuando una redada policial llegó sorpresivamente a la guarida de Esperanza Marín.
Afortunadamente, no encontraron nada, aunque dejaron la casa completamente patas arriba.
Esperanza tuvo que soltar una buena suma de sobornos para lograr que esos demonios uniformados la dejaran en paz.
Una vez que se fueron, el matón a su lado rompió el silencio:
—Jefa, ¿acaso sabías que la policía iba a allanar el lugar y por eso los vendiste tan rápido?
—Esos Mirasianos no parecían venir buscando hierbas medicinales, más bien daban la impresión de estar buscando a esos dos hombres en específico.
—A mí se me hace que vinieron expresamente por ellos.
De no ser así, ¿cómo podía existir tanta casualidad en el mundo?
—Faustino, las cosas se saben, pero no se dicen —respondió Esperanza dándole una palmada en el hombro a su subordinado.
—Todos somos de Mirasia al final del día. Si podemos darnos la mano, nos la damos.
Esperanza continuó:
—Si en todos estos años he logrado construir un imperio, ha sido a base de lealtad y palabra.
—¡A las chicas bajo mi techo, nadie las obliga a nada!
—Así que grábatelo en la cabeza, Faustino: ¡siempre seremos Mirasianos!
Faustino se quedó mudo del asombro:
—Jefa... ¿Entonces de verdad vinieron a rescatarlos?
¡Virgen Santa, él solo lo había dicho por decir!
—Si vinieron a salvarlos o no, eso no importa. Lo único importante es que pusieron el billete sobre la mesa.
¡Veinte mil dólares! Una cifra que esos malditos policías jamás habrían pagado.
Siempre venían exigiendo servicios gratis, ¿desde cuándo eran tan generosos?
A Esperanza le fascinaba el dinero, y si sus compatriotas estaban dispuestos a dejarle tan buena ganancia, a ella no le importaba darles algunas facilidades.
Mientras tanto, apenas se habían alejado de la casa de Esperanza, el grupo de Cecilia se dio cuenta de la redada policial. Todos se miraron sorprendidos.
—¿Creen que Esperanza sabía que iban a registrar su casa?
—Dejen de darle tantas vueltas —dijo Samuel con voz autoritaria—. Ya he investigado a esta mujer. Cuando es necesario, y si le pones el dinero adecuado enfrente, puede convertirse en una informante invaluable para nuestro lado.
—Aunque haya cambiado de nacionalidad, en el fondo sigue reconociéndose como una Mirasiana.
—Jamás perjudicaría intencionalmente a los suyos, e incluso de vez en cuando tiende la mano.
Nadie se atrevía a cuestionar la inteligencia de Samuel.
Todos respiraron más aliviados.
Sin embargo, el verdadero problema ahora era cómo lograr sacar a Rogelio y a Cristhian de ahí, sabiendo que las autoridades del Estado Zen estaban peinando la zona entera buscándolos.
El director Ramírez opinaba que lo prioritario era encontrar un lugar seguro para operar de urgencia a Cristhian.
En su estado, si no entraba al quirófano de inmediato, moriría.
Todos se estremecieron al pensar en las terribles condiciones de Cristhian.
Después de todo, era uno de los agentes de élite del Departamento de Seguridad Especial, y esa explosión por poco le arranca la vida.
Habían logrado encontrarlo, pero, ¿y si fallecía en sus manos?

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