—Compañero, si te soy sincera, creo que tu verdadero camino está en el mundo del espectáculo —soltó Cecilia de repente.
Blas levantó la cabeza de golpe, sus ojos brillaron con intensidad.
—¿De verdad lo crees? —preguntó, esperanzado.
No era la primera vez que alguien le sugería meterse a la actuación o al modelaje, y él mismo sentía que tenía la madera para lograrlo.
Sin embargo, él era de los que creía que su valor dependía de hacerse el difícil.
Pensaba que si lograba entrar primero al prestigioso grupo nacional de danza y luego daba el salto a la farándula, su caché sería inalcanzable.
Con un currículum así, se volvería intocable y a nadie le importaría su origen humilde.
Pero sabía que la industria del entretenimiento no era un juego de niños.
Podía ser un caballo de pura sangre, pero necesitaba a un cazatalentos con el dinero suficiente para apostar por él.
El poder adquisitivo de la familia de Aurora siempre le había despertado la codicia.
Y respecto a esta tal Cecilia, ya había averiguado un par de cosas. Al parecer, ella tenía un estatus incluso más alto dentro del círculo familiar de los Ortega.
Aunque solo era la nieta por parte de la hija, pertenecía a la rama directa y favorita de la familia.
Blas había aprovechado su cercanía con Aurora para recolectar toda esa información.
Si Cecilia estaba dispuesta a convertirse en su mecenas, estaba seguro de que llegaría a la cima en un par de meses.
La miró con una expresión llena de ambición y expectativa.
Cecilia le devolvió una sonrisa brillante.
—¡Por supuesto! Tienes la piel tan dura que no te entra ni una bala y un cerebro lleno de maquinaciones. Eres el perfil perfecto para la farándula.
—Además, no eres feo. Con esa facilidad que tienes para fingir, ¡hasta podrías ganarte un premio al mejor actor dramático!
La sonrisa ilusionada de Blas se congeló, derritiéndose lentamente hasta revelar su verdadera expresión amarga. Ya no podía seguir con su fachada de niño bueno.
—¿Tienes algún problema personal conmigo? —preguntó, con la voz tensa.
Cecilia sacudió la cabeza rápidamente, fingiendo inocencia.
—¡Para nada! Te lo digo en serio, veo muchísimo potencial en ti.
—Por cierto, ¿qué tal cantas? Si el baile te sale bien, pero no das el tono, te sugiero que tomes clases intensivas. ¡Quién sabe! Tal vez podrías entrar a un reality show.
—Podrías debutar como estrella pop, filtrar que te graduaste de la Universidad de Viento Claro, decir que casi fuiste elegido para el grupo nacional y que entraste a la farándula para perseguir tu gran sueño. ¡La historia perfecta del chico humilde que lo logra con puro sudor!

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