—¿De verdad quieres curar tu columna?
Cecilia no respondió, sino que le lanzó otra pregunta.
Leo no podía decir que no quería curarse o que no quería volver a caminar.
Solo le quedó admitir:
—Quiero.
Nadie quería vivir arrastrándose como un perro.
Durante el tiempo que estuvo postrado en cama, había soportado demasiadas burlas.
La familia Ramírez no era muy unida. Al ser él el nieto favorito, muchos de sus primos y tíos le tenían envidia.
Sabía que la mayoría deseaba que se muriera de una vez.
Cuanto menos lo querían vivo, ¡más deseaba recuperarse para darles en la cara!
—Doctora Ortiz, deje que me trate. Sin importar cuál sea el tratamiento, ¡puedo soportarlo!
—¡Con tal de volver a caminar, pagaré el precio que sea!
Tras haber regresado a Mirasia, Cecilia y el director Ramírez dejaron de ocultar sus identidades.
Aunque no se lo habían mencionado a Leo directamente, él ya había escuchado cómo los llamaban los demás.
Además, era probable que los oficiales que contactaron a Urbano Ramírez ya le hubieran explicado la situación.
Fueran cuales fueran los pensamientos de Urbano en ese momento, no tenía más opción que aceptar la realidad y morderse la lengua.
Después de todo, tenían a su nieto en sus manos.
—Me basta con escuchar eso —respondió Cecilia.
Cecilia y el director Ramírez ya tenían una excelente coordinación, pero la operación de Leo requería días de preparación.
La voluntad del paciente era una cosa, pero también debían conseguir los medicamentos necesarios.
Cecilia nunca entraba a una batalla si no estaba segura de ganar.
Prefería retrasar la cirugía y enfocarse en mejorar primero el estado físico de Leo.
—Por tus prolongadas huelgas de hambre, tienes desnutrición. Te daremos un tratamiento para fortalecerte durante tres meses, y luego veremos tus valores.
—Si todo está en orden, haremos la cirugía.
Así fue como Cecilia le planteó las cosas a Leo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana