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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1736

Él era el encargado de proteger a Guillermo y de empujar su silla de ruedas.

Pero nadie esperaba que hoy alguien más le quitara el trabajo.

Amaya no logró intimidar a Aurora, pero no le dio importancia.

Regresó a la habitación con aires de grandeza y le dijo a Yonatan que ya había hablado con su madre.

—Doña Bárbara fue clara: no dejes que nadie más te revise la pierna. Si por su torpeza empeoras, nunca volverás a caminar.

Yonatan la miró con frialdad.

—¿Acaso te mueres de ganas de que nunca vuelva a caminar?

Amaya tragó saliva.

—¿Cómo crees? Si quisiera eso, ¿habría venido corriendo a cuidarte?

—Si no fuera por ti, mi madre no se habría torcido el tobillo. —La actitud de Yonatan ahora era completamente distinta a la que tenía frente a Aurora.

Amaya se quedó atónita, y en su mirada brilló un destello de culpabilidad.

—No lo hice a propósito. Me enteré de tu accidente y me desesperé.

—Mi madre estaba más desesperada que tú. ¿Con qué derecho la empujaste?

A Yonatan nunca le había agradado Amaya, desde que eran niños.

Se había dado cuenta de lo manipuladora que era.

Por ejemplo, si le gustaba algo que él tenía, se la pasaba mencionándolo frente a su madre, diciendo lo mucho que lo envidiaba, hasta que Doña Bárbara terminaba comprándoselo.

Esa era su estrategia, pero a Yonatan le repugnaba que la usara con su madre.

Amaya era como una ladrona que intentaba adueñarse de todo lo suyo.

Por eso se negó a estudiar en su ciudad natal y se empeñó en ir a la mejor universidad de Viento Claro.

Solo quería librarse de ella.

Sabía que, con las calificaciones de Amaya, podría haber usado sus influencias en su ciudad, pero en Viento Claro jamás lo lograría.

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