Incluso la tía Lorena, al pisar un restaurante tan exclusivo, mantuvo una expresión de total serenidad. Leire, por su parte, viajaba constantemente por el mundo y había probado los manjares más exquisitos; saber que la cena sería allí le resultó lo más natural del mundo. La señora Ruiz fue recogida por un auto que envió el abuelo Esteban, e ingresó al lugar con la misma tranquilidad. Al ser una doctora de gran prestigio, solía ser invitada a conferencias y eventos en restaurantes de lujo, por lo que tampoco era su primera vez en ese lugar.
Irónicamente, la única que miraba a su alrededor con curiosidad era Cecilia.
Solo cuando comenzaron a servir los platos, un desfile de colores, aromas y presentaciones impecables, Cecilia se dio cuenta del altísimo nivel de hospitalidad que el abuelo Esteban había preparado.
Las ancianas disfrutaban de la comida y la conversación, y Cecilia también comía a gusto. Valentín y Agustín se habían sentado a sus lados, y ambos se turnaban para servirle los mejores bocados, dejándole poco margen para que ella pudiera atender a las tres abuelas.
Afortunadamente, aunque las señoras eran mayores, no tenían ningún problema de movilidad y se servían por sí mismas. Para los mariscos con cáscara, había meseros profesionales encargados de pelarlos, así que no tenían que ensuciarse las manos.
Cecilia comió con tanta satisfacción que terminó sintiéndose demasiado llena.
Para demostrar quién era el mejor anfitrión, el abuelo Esteban y Ezequiel terminaron peleándose por pagar la cuenta al final de la velada. Sin embargo, cuando enviaron a alguien a la caja, el gerente les informó que toda la mesa ya había sido cargada a la cuenta de Agustín Sandoval.
Al escuchar esto, Ezequiel dejó de discutir. Si su nieto pagaba, era prácticamente lo mismo que si pagara él.
El abuelo Esteban, en cambio, le lanzó una mirada afilada a Agustín.
—Qué muchacho tan listo, adelantándose a pagar —dijo Esteban con un tono irónico—. Sin embargo, recuerdo que habíamos acordado mantener en secreto tu compromiso con Ceci. ¿Cómo es que ahora me entero de que toda la ciudad lo sabe?
El repentino ataque de Esteban era claramente intencional. Simplemente no soportaba ver a su viejo amigo Ezequiel presumiendo. Podían ser buenos amigos, pero llevaban toda la vida compitiendo y molestándose mutuamente.
Ezequiel tosió un par de veces y miró hacia otro lado, dejando claro que ese asunto no tenía nada que ver con él. A fin de cuentas, el causante del problema había sido su nieto.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana