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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1789

—Yo... —Dora se puso roja de la vergüenza.

—Si te digo que no fue a propósito y que la verdad es que sigo sin saber frenar bien en la patineta, ¿te vas a enojar más conmigo?

Cecilia la miró con expresión neutra. La respuesta era evidente.

Dora sonrió nerviosa.

—De verdad que no quería causar problemas. Es solo que soy muy terca y no me rindo.

¿Por qué otras personas podían hacer cosas increíbles y ella no?

Desde niña, Dora había sido un imán para las desgracias. Llevaba años queriendo aprender a patinar, pero su familia se lo prohibía rotundamente.

Ahora que estaba en la universidad, la rebeldía se había apoderado de ella: si le decían que no hiciera algo, más ganas le daban de hacerlo.

Total, ya tenía la peor suerte del mundo, ¿qué más daba arriesgarse?

Pero jamás imaginó que su torpeza terminaría afectando a otras personas.

Cecilia sospechaba que la mala suerte de Dora se debía, precisamente, a su terquedad.

Le encantaba llevarle la contraria al mundo, y ese tipo de personas siempre terminaban arrastrando a quienes estaban cerca.

—De verdad, lo siento mucho. Por favor, déjame invitarte a comer para compensar todo este desastre.

Dora le hizo una reverencia tan exagerada que Cecilia ni siquiera tuvo tiempo de detenerla.

¿Qué más podía decirle? Al final del día, la que traía la frente como un mapa de moretones era Dora, no ella.

—No es necesario lo de la comida.

—Pero es que no solo quiero invitarte a ti, quiero invitar al profe Ortega y al profe Montoya.

—Tengo miedo de que, si se los pido yo sola, me rechacen. Y como escuché que tú te llevas muy bien con el profe Ortega... —Dora bajó la mirada, avergonzada.

—Por favor, di que sí. De verdad quiero darles las gracias. Si no hubiera sido por ustedes, quién sabe si seguiría viva.

—O dime la verdad... ¿acaso mi mala suerte te incomoda y por eso no quieres juntarte conmigo?

Al preguntar esto, a Dora se le llenaron los ojos de lágrimas.

—Como siempre me pasan cosas malas, nunca he tenido buenos amigos...

Sus únicas compañías habían sido grupitos de interesados que solo se le acercaban por dinero.

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