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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1827

Emprender nunca ha sido fácil para una mujer, y mucho menos para alguien como Leire, quien en su juventud se armó de valor para irse a abrir camino en Barataria.

Era evidente que haría pedazos a Blas, pero lo que Ceci no se imaginaba era que la abuela Leire fuera a jugar al gato y al ratón con él.

Efectivamente, la abuela Leire había comprobado que Blas había sido el culpable.

Pero el muy infeliz era astuto y había sido bastante meticuloso.

Si decidía negarlo todo, una denuncia ante la policía no serviría de mucho.

Al fin y al cabo, ya había pasado bastante tiempo desde el incidente.

Por supuesto, Leire no iba a quedarse de brazos cruzados.

Lo mandó a vigilar, y cuando se enteró de que estaba participando en ese reality, decidió retrasar su venganza.

Estaba esperando el momento perfecto: mientras más alto volara, más duro sería el golpe cuando lo tirara.

No todas las venganzas tienen que ser iguales.

Verlo caer de la cima del éxito para que no pudiera levantarse jamás sería un castigo mil veces peor que empujarlo por unas escaleras para romperle las piernas.

Porque, después de probar las mieles de la gloria, ¿quién podría soportar volver al fango?

Leire sabía cómo manipular y destruir a la gente mejor que cualquier jovencito.

Blas había logrado entrar al reality sin problemas, y quién sabe, a lo mejor Leire incluso le daría un empujoncito secreto para ayudarlo a subir.

Para luego cortarle las alas justo cuando estuviera tocando el cielo. Habría que ver si su ego aguantaría algo así.

Después de que Leire se fue al extranjero con su nieto, la abuela Lorena decidió no quedarse en el humilde departamento de Ceci.

Ella tenía su propia y espectacular residencia tradicional en Viento Claro, y ya la habían dejado impecable.

Ahora Rayan se estaba quedando allí para hacerle compañía.

Además, la señora contaba con la escolta de dos guardaespaldas: Thiago y Wanda.

Estos dos jóvenes se habían ganado el puesto tras vencer al resto de los escoltas; se morían de ganas de salir y ver un poco de mundo al lado de la matriarca.

Cuando Sara y José fueron designados para proteger a la joven líder, todos los demás se murieron de la envidia.

—¡Qué incómodo ha de ser levantarse al baño y ver a ese grandulón roncando ahí tirado!

Sara le contestó: —Ay, Wandita. Te apuesto a que José no va a querer.

—A él le valen los chicos guapos, pero hay cada belleza en la universidad...

—¿Pero ese tonto ya descubrió para qué sirve ver mujeres? —dudó Wanda, incapaz de creer que José tuviera sangre en las venas.

Para Wanda, tanto ella como Sara disfrutaban mucho más de echarse un taco de ojo que cualquiera de sus compañeros masculinos.

—Aunque sea un aburrido, igual tiene ojos. ¡Y ni te imaginas, el guardaespaldas del vecino es un súper chef! Y bla, bla, bla...

Las dos se enfrascaron en una larga conversación.

José, que estaba leyendo todo en las sombras, por fin apareció: —Ni loco te cambio el lugar, mi deber es proteger a la joven líder.

Wanda contraatacó: —¿Ah, sí, José? ¿Acaso estás insinuando que la jefa ya está muy vieja y aburrida?

El pobre muchacho se apresuró a defenderse: —¡No inventes chismes! Solo quiero ganar más experiencia al lado de la señorita Ceci.

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