—Esta casona es hermosa, hay que cuidarla bien, sería una lástima que la demolieran.
Daniela decidió que al volver les mostraría las fotos a sus padres para que se esforzaran en la licitación.
—No voy a aceptar la demolición —le aseguró Cecilia a Daniela.
—Me alegra oír eso. —Daniela confiaba en Cecilia; no parecía que le faltara dinero.
No creía que fuera a vender la casa por unos cuantos pesos.
Aun así, Daniela no se quedó tranquila del todo:
—Si llegaras a estar en una situación desesperada y necesitaras dinero, ¿podrías contactarme? Estaría dispuesta a comprar la propiedad a precio de mercado.
Nadie sabía cuál era el precio de mercado exacto.
Cecilia pensó para sus adentros que, con lo generosa que era la familia de su abuelo materno, jamás le faltaría dinero en esta vida.
Pero al ver la mirada esperanzada de Daniela, asintió:
—Si llega ese día, te consideraré a ti primero, Daniela.
Daniela se puso contenta:
—Ceci, ¿te puedo llamar así?
A Cecilia le daba igual.
Ambas intercambiaron números de contacto.
Miranda llamó a Cecilia y a Agustín para comer, y Daniela se llevó a su primo de vuelta a su reservado.
Apenas iban a la mitad de la comida.
Sin embargo, ahora, ni siquiera la comida más deliciosa le despertaba interés a Daniela.
Lo primero que hizo al volver al reservado fue mirar las fotos.
—Tobías, has mejorado tomando fotos, me veo muy bien.
—Prima, me alegro de que te gusten.
Margarita estaba a un lado, visiblemente disgustada.
—Daniela, ¿no estás siendo demasiado amable con esa Cecilia? ¿No dudas ni un poco de si lo que dice es verdad?
—Escuché que sus padres biológicos son gente de campo, su abuela también. ¿Cómo es posible que tengan una mansión así?


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