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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1249

—Maca, ¿llegamos tarde?

¡Hablando del rey de Roma!

Gina y Germán, en efecto, habían llegado juntos.

Macarena llevaba puesto un vestido de gala color rosa ese día, con un borde rojo en el escote y una falda amplia que la hacía lucir totalmente como una princesa.

Y resulta que Gina también iba vestida de rosa, con un elegante vestido largo, un collar de perlas en el cuello y el cabello recogido.

Parecía que su intención era, descaradamente, opacar a la anfitriona.

Germán iba de traje, con la evidente intención de combinar con Gina. Juntos, se podría decir que formaban una pareja perfecta.

El semblante de Macarena no era el mejor. No esperaba que Gina viniera a causar problemas a su fiesta de compromiso.

De haberlo sabido, habría puesto un letrero en la entrada: «¡Prohibida la entrada a Gina y a los perros!».

Aunque hacer eso de verdad habría sido una ofensa para los perros.

La cara de Noelia tampoco era de alegría mientras lanzaba una mirada de soslayo a su cuñada.

La madre de Gina, en ese momento, tampoco lograba entender la actitud de su hija.

Si era la fiesta de compromiso de Macarena, ¿por qué tenía que venir a provocarla?

Si ya le habías bajado a Germán, ¿por qué mejor no te comprometías tú con él?

Pero resulta que a la hija ni siquiera le gustaba Germán.

¿Cómo la iba a ver la familia González ahora?

El papá de Gina fulminó con la mirada a su esposa:

—¡Mira nomás la maravillosa hija que criaste!

Ellos también tenían que cuidar las apariencias. Ya bastante se estaban aprovechando de la familia González, aunque de boca para afuera dijeran que Edgar se había adueñado de su madre.

Pero la realidad era que, al principio, él solo lo hizo para cuidar de la viuda y el hijo de su camarada caído.

En realidad, haber cambiado su apellido a González era una muestra de mala memoria sobre sus raíces.

Para integrarse mejor en la familia González, su madre había decidido que los niños cambiaran su apellido.

Aunque, en un principio, Edgar ni siquiera planeaba dejar que se lo cambiara.

La madre de Gina replicó, molesta:

—¿Y por qué asumes que fui yo quien la crio así?

—¿Acaso no le enseñó eso tu madre?

La hija pasaba la mayor parte del tiempo con su abuela. La nuera sabía muy bien cómo su suegra se había hecho la mosquita muerta para salirse con la suya.

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