—Tú no te preocupes por eso ahora.
Ismael Córdova le indicó a Patricio que primero hicieran una aclaración en internet.
Para así controlar el comportamiento de los fans.
Luego hizo una llamada a la compañía, pidiendo que le revocaran cualquier tipo de autoridad a Sara.
Muy pronto, Sara descubriría que no tendría margen de maniobra dentro de la empresa.
Ismael solo se bajó del coche hasta terminar la llamada.
—¿A dónde va?
Luna, en un principio, no tenía la intención de irse en el mismo vehículo que Ismael.
En este momento, la relación entre ambos aún no salía a la luz, por lo que planeaba manejarlo con frialdad.
En cuanto a las especulaciones descabelladas de internet, en realidad solo habían impulsado su popularidad.
Viéndolo bien, ella era quien se estaba aprovechando de Ismael.
Si ella daba el primer paso y salía a dar la cara, se convertiría en el blanco de todos.
Pero con el tema del secuestro de por medio, aunque no diera ninguna declaración, los fans podrían entenderlo por ahora.
Mientras no apareciera al mismo tiempo que Ismael, la gente tampoco armaría un gran alboroto.
Sin embargo, si aparecían juntos, le darían a la gente la oportunidad de inventar chismes, y a otros la oportunidad de sacar provecho del caos.
No obstante, las cosas ya se habían salido de control afuera. Luna también se enteró por Emiliano, y Saúl seguía alterado en el chat grupal.
Decían que afuera del aeropuerto había un montón de seguidores de Ismael con pancartas protestando contra su relación.
Aunque su propia familia sabía que Ismael y Luna eran padre e hija, este definitivamente no era un buen momento para que saliera a la luz.
—Voy a asomarme afuera; esos fans ya están alterando el orden en el aeropuerto.
Si se quedaba más tiempo, tampoco sería bueno para Ismael.
—Entonces lo acompaño.
Luna se bajó del coche por iniciativa propia.
Ismael le bloqueó el paso:
—No tienes que ir. Si vas, van a desahogar todo su coraje contra ti, y es muy probable que salgas lastimada.
—Luna, vete con el señor Rojas primero. Hazme caso.
Pedirle a Luna que se fuera con Martín Rojas era, a decir verdad, una medida desesperada.
En ese instante no había de otra.


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