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Clímax de oficina romance Capítulo 55

Luna abandona la oficina de Dorian con una gran sonrisa en los labios, utilizar aquella técnica sí que le estaba funcionando. Tenía a Dorian comiendo de la mano, sospechaba que él comprendía que perfectamente la situación.

El negocio estaba en sus manos, si él no la aceptaba los negocios se paralizaban. Era tan gratificante tener a un hombre comiendo a sus pies.

No dudaba que sus planes se dieran lo antes posible, quizás esa misma tarde que saliera a comer con él.

¿Qué tenia de malo que tuvieran sexo un par de veces?

O al menos hasta cerrar trato.

Aplana sus labios para ocultar una sonrisa maliciosa, camina con pasos firmes por el corredor mientras que la secretaria la observa, pero esa mujer le importa una mierda, quizás era la mejor amiga de la mujer de Dorian.

Pero sería su mejor carta si esa tipa le pasaba información a la mujer de Dorian, a fin de cuentas, no era su esposa, solo era… la mujer con la que vivía.

No estaba arruinando una familia.

[…]

A Dorian no le quedo de otra que asistir al almuerzo con Luna, la idea era aplacar las aguas. Mientras que ella notara que él no tenía problemas, los negocios tampoco se podrían ver afectados.

Sin embargo, se mantendría alerta con ella.

—¿Qué pasa? —ella sonríe de medio lado—. Te noto un poco extraño esta tarde, ¿ocurre algo? ¿paso algo? —deja la copa a un lado para poder verlo a la cara.

—No, no pasa nada. Todo está bien —Dorian le sonríe mientras que le da un sorbo a su copa —. ¿Qué podría estar pasando?

Luna lo observa fijamente, se fija que Dorian era un hombre dominante, y de esos eran los que a ella le encantaban.

Ahora se sentía más fascinada que antes por ese hombre, de hecho, en esos momentos se encontraba tan excitada por tenerlo allí frente a ella.

—No es nada, quizás fueron ideas mías, ¿no lo crees?

—probablemente así lo sea.

Ella toma su copa para que Dorian chocara la suya con la de ella.

—brindemos por los futuros negocios.

—aun no cerramos el primero.

—pero lo cerraremos, ten eso por seguro.

Dorian accede y choca la copa de ella, aunque no estaba tan seguro de que dichos negocios se dieran tan pronto, no si él no accedía a los caprichos sexuales de ella.

Era evidente que Luna solo buscaba sexo.

Pero él ya no era ese tipo de hombre, quizás si Catrina no estuviera a su lado él se la hubiera llevado a la cama hace mucho, pero distaba lejos de ser como el de antes.

No obstante, la mantendría ocupada para ver hasta donde era capaz de llegar con su ambición.

Por suerte para Dorian pudo escapar ileso de ese almuerzo con Luna, regreso a su oficina y ella se fue a su hotel. De momento ya no la vería por lo que quedaba de la tarde y era un alivio no tenerla en la empresa respirándole en la nuca.

Después de dedicarle tiempo al trabajo, piensa que ya es suficiente y decide en regresar a casa con su mujer.

—Una hora, y luego nos iremos.

—¡Perfecto!

La mujer se acerca a él y se engancha de su brazo para empezar a caminar a su lado mientras sonríe de felicidad por haber conseguido lo que deseaba.

La secretaria los observa en silencio, no menciona una sola palabra.

Por supuesto, en lo que Dorian tuvo la oportunidad le marca al teléfono de la casa, pero nadie atiende y eso le resulta muy extraño. ¿Acaso Catrina no estaba en casa? No le dejo dicho esa mañana que saldría por la noche.

Se inquieto mucho ante esa situación.

Decide marcarle a su móvil, pero este sonaba y sonaba y ella aun no atendía la llamada, aquello era aún más frustrante. ¿Qué podía estar haciendo esa mujer? deseaba poder decirle donde estaba.

—vamos Dorian, nos perderemos la mejor parte. Tenemos que hacer las donaciones.

—Si, claro.

Luna arrastra a Dorian mientras lo sujeta del brazo, ella no deja de sonreír cuando lo arrastra hacia las casillas.

Al Ceo no es que le molestase hacer ese tipo de donaciones, de hecho, lo hacía, pero desde la comodidad de su oficina, un giro de cheque era más que suficiente. Hacer acto de presencia ya era demasiado.

Muchos Ceos se aglomeraban en esos lugares, más que nada para socializar, pero esa noche, él era el único que no deseaba entablar conversaciones con nadie.

Solo deseaba ir a casa con su Catrina.

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