Elisa niega mientras que observa a su hermana quien observaba hacia todos lados.
—¿de verdad lo estas buscando? Vamos Catrina, eso es muy tonto de pensar, Dorian está en la oficina, o quizás ya de camino a la casa.
—No lo sé… tengo como un mal palpito.
—¿Sobre qué? Si me has contado que anoche la pasaron magnifico, que llego temprano y estuvieron juntos por mucho tiempo hasta dormir. ¿Qué puede estar mal?
La joven niega y sigue mirando hacia todo el salón, pero no ve esa espalda.
Elisa hace lo propio y también busca a su cuñado, aunque sabe que no lo iba a encontrar en ese lugar.
Pero de la nada, ve algo que le parece familiar, era un perfil. Se parecía mucho a Dorian, Elisa entona la mirada y toca a su hermana para que prestara atención.
—¿Qué pasa?
—¿No es ese al que viste? —pero cuando Catrina voltea ya no ve a nadie que se le pareciera.
—¿Quién?
—¡estaba allí!
—te dije que hay alguien muy parecido.
—Ahora si te creo, creo que será mejor que salgamos, quizás veamos algo afuera.
—Si, tienes razón.
Ambas hermanas hacen amago de salir de aquella fiesta, pero con tantos conocidos la detenían cada dos por tres y eso les dificultaba su salida.
Entre tanto, Dorian se despedía de algunos conocidos ya que sus planes eran de marcharse, aunque Luna protestara.
—No creo que sea momento de irnos, apenas esta comenzando la fiesta Dorian.
—Yo debo marcharme.
Se extralimito de la hora que dispuso para darle pie a los caprichos de Luna, pero ya no más, era hora de volver a casa con su mujer.
Se encamina hasta la salida con Luna de gancho, mientras que los flashes no paraban de fastidiar por todos lados. No le agradaba que le sacaran fotos, pero que otra cosa podía pedir de esos lugares.
Al alcanzar la salida, el Ceo junto con Luna avanzan hasta el coche. Él le abre la puerta y ella sube, él rodea el coche y sube y tan rápido como lo hace lo enciende y arranca.
Pero justo cuando él avanza, Elisa y Catrina logran salir de la fiesta, pero era un poco tarde, ellas miraron hacia todos lados, sin embargo, no ven a nadie por allí que les llamara la atención.
Pero los ojos de Catrina se posan en las luces traseras de un coche, ella enfoca la mirada y siente que conoce ese coche.
—ese coche —Elisa mira el auto a lo lejos.
—Puede ser cualquiera, hay muchos de esos en la ciudad.
—Si, pero es muy curioso, ¿no te parece?
—Si, pero… no lo sé, hermana.
La joven se queda con la espina, algo no andaba bien. Eran demasiadas coincidencias para ser sincera.
—vamos, te llevo a casa.
—Mi coche se quedó en tu casa.
—mañana te lo hare llegar.
Las hermanas se fueron, y fue Elisa quien llego primero a casa de Catrina. Las dos miran la entrada de la residencia y no perciben que el coche de Dorian estuviera allí.
—hermana…—Catrina no menciona una sola palabra, se limita a mirar el espacio vacío —. Has visto que tienes llamadas perdidas de él, es posible que te llamara desde la oficina para decirte que llegara tarde.
—Si, claro que sí.
—Hola.
—¿Todo está bien? Estuve llamándote, aquí, a tu móvil, no atendiste, tu coche…
—está en la casa de Elisa, ella me ha traído.
—Si.
Porque el rubio sentía que algo estaba extraño, que la tensión era como pesaba entre ellos. Aunque, si sacaba bien las cuentas, él estaba con una mujer en una fiesta a la que detestaba ir. Y su mujer lo sabía.
No hallaba la forma de explicarle esa parte a Catrina, aunque si empezaba por los negocios ella entendería.
—Yo…
—estuve en una fiesta de beneficencia con mi hermana —él se paraliza en seco al escuchar aquellas palabras—. Es por eso que mi coche no está afuera.
¿Por qué le hablaba de esa manera?
Era como si estuviera cabreada.
En ese instante pensó en algo aterrador, ¿acaso Catrina lo pillo con Luna? Ella…
El Ceo niega, tranquilo, tranquilo, se repite mentalmente, no estabas haciendo nada malo con Luna. Solo que ella no paraba de abrazarte, de suavizar tu espalda, de envolver tu brazo y de frotar su cuerpo operado contra el tuyo.
Del resto, no has hecho nada malo Dorian.
—¿Qué pasa? —pregunta ella como esperando una explicación, pero es que ahora no estaba tan seguro de querer contar donde estaba —. ¿Por qué me llamaste?
—Yo… bueno, estaba en la oficina.
Catrina se queda en silencio ante esa respuesta tan pobre, ¿de verdad era todo lo que le iba a decir?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Clímax de oficina