Reprime su ira.
—¿Qué te hace pensar que yo he sido la causante de estas fotos? Hasta donde sé, eres un mujeriego, pudo ser otra persona el causante de todo esto —levanta la mirada para confrontarlo.
—quiero que te vayas de mi empresa, por mi parte todos los negocios quedaron cancelados desde este momento.
—No puedes mezclar los negocios con otros asuntos, Dorian.
—Eso te lo digo yo a ti, todo iba bien hasta que comenzaste a mostrarte interesada en mi y eso ha arruinado todo.
Luna se queda callada, mira a su abogado y este solo la observa fijamente. No obtendría de su ayuda.
—Diste tu palabra.
—Y la romperé.
—perderás un buen negocio, expandir tu empresa en Europa es un gran paso para abrirte al mundo, ¿lo perderías por una tontería?
—Mi mujer no es una tontería.
—¡Ni siquiera están casados!
—No necesito de un papel para saber que Catrina es mi esposa, mi familia, lo más importante que tengo.
Y con aquellas palabras, Dorian se da la vuelta para abandonar aquella oficina.
Entre tanto Luna se queda con las palabras atragantadas en la garganta, parpadea un par de veces y trata de componer su cuerpo ante la mirada inquisitiva de su abogado.
—Creo que ha sido todo, hemos terminado aquí, de la peor manera, pero hemos terminado —el abogado recoge sus pertenencias —. Me regreso hoy mismo a casa—observa a su cliente, era evidente que estaba consternada—. No siempre sale todo como uno quiere, Luna.
—Nos vemos en Europa.
—Por supuesto.
La rubia se queda sola en aquella oficina sintiéndose devastada, era la primera vez que un hombre se le resistía y la rechazaba de esa manera. Dorian Borges ya no era el mujeriego de antes
Dorian regresa a su oficina y justo en ese instante entra una llamada que contesta de inmediato y sonríe al escuchar aquella voz.
—que gusto escucharte, Dorian. ¿Qué has pensado sobre mi propuesta?
[…]
Después de contarle a su hermana como quedaron las cosas entre Dorian y ella la escucho aliviada de que pudieran resolver sus asuntos, ella misma estaba más tranquila y con más confianza hacia Dorian.
Sabia que ahora las cosas si iban a funcionar bien entre ellos dos.
Sonríe mientras bebe un poco de té en eso oye que tocan el timbre, la joven frunce el ceño.
—Dorian tiene llaves, ¿será que las dejo? —sonríe al pensar que podía ser él quien regreso antes a casa.
Corre a la entrada de su casa dando brincos de alegría, pero al abrir la puerta una mata de pelos rubios la sorprende.
—así que eres tu la mujer de Dorian —la mujer la mira de pies a cabeza que le hace sentir a Catrina como una mujer muy inferior a ella.
—¿Qué haces en mi casa?

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